Cosmovisión

El hombre de la ventana

Con agradecimiento, admiración y respeto a María Eugenia González Ramos.

Dos hombres, ambos muy enfermos, compartían la misma habitación de un hospital. A uno se le permitía sentarse en una cama cada tarde, durante una hora, para ayudarle a drenar el líquido de sus pulmones. Su cama daba a la única ventana de la habitación.El otro hombre tenía que estar todo el tiempo boca arriba.Charlaban durante horas.

Hablaban de sus mujeres, sus familias, sus hogares y sus trabajos. Cada tarde, cuando el hombre de la cama junto a la ventana se sentaba, describía a su vecino todas las cosas que veía desde la ventana. Y éste empezó a desear que llegara ese momento, en que su mundo se ensanchaba y cobraba vida con los colores del mundo exterior.

La ventana daba a un parque con un precioso lago, patos y cisnes jugaban en el agua, mientras los niños lo hacían con sus cometas. Grandes árboles adornaban el paisaje y se veía a la distancia una bella vista de la ciudad. Mientras el hombre de la ventana describía con detalle exquisito, su compañero de cuarto cerraba los ojos e imaginaba la edilicia escena.

Una tarde, el hombre de la ventana describió un desfile que pasaba. Aunque su compañero no oía a la banda, podía verlo con los ojos de su mente, tal como lo describía el hombre de la ventana con sus mágicas palabras.

Una mañana, la enfermera entró con el agua para bañarlos, encontrando el cuerpo del hombre de la ventana, sin vida. Había muerto plácidamente mientras dormía. Cuando lo considero apropiado, el hombre pidió lo trasladarán a la cama al lado de la ventana. La enfermera accedió encantada.

Lentamente y con dificultad, el hombre se irguió para lanzar la primera mirada al mundo exterior; al fin podría verlo él mismo. Se esforzó para girarse y mirar por la ventana... y se encontró con una pared.

Sorprendido, el hombre preguntó a la enfermera que había motivado a su compañero muerto para describir cosas tan maravillosas. La enfermera le dijo que el hombre era ciego y que no habría podido ver ni la pared. Quizás quería animarlo.

Amigo lector, hay momentos que al margen de su capacidad y sus esfuerzos la vida lo conduce a tiempos adversos, tiempos en que lo invaden la impotencia y el pesimismo, en los que difícilmente imagina que mejores días están por venir y que todo lo que le sucede es para su bien. Tiempo también, de reafirmar su fe, de renovar su esperanza y de poner a prueba su potencial.

Evalúe su actitud, que con ella obtendrá, ni más ni menos, lo que usted se merece. Anímese y anime a otros a dar lo mejor de sí, a levantar su corazón, a reafirmarse y a entender que equivocarse no es el final, que no importa cuán abatido se sienta, que en cada detalle, de cada día... encontrará los motivos suficientes para trascender. ¿Qué opina?