Cosmovisión

El árbol dorado

Había un árbol al que hombres y mujeres adoraban, desdeñando el culto que practicaba su pueblo. Un hombre, irritado por aquella idolatría, decidió cortar el árbol.

Se presentó caída la noche con una pesada hacha, pero el diablo apareció en forma humana y le preguntó ¿Qué vas a hacer con esa hacha?.

Voy a cortar el árbol.

¿Por qué?.

Porque hay hombres y mujeres que lo adoran, con lo que olvidan al verdadero Dios. 

¿Qué te importa eso si tú no lo adoras?, le dijo el diablo. ¡Voy a cortarlo!, contestó el hombre, levantando el hacha.

¡Espera!, gritó el diablo, colocándole una mano sobre el brazo.

¿No preferirías, en lugar de cortar este árbol, hacer algo que te fuera útil?.

¿Qué quieres decir?, preguntó el hombre confundido. Mi propuesta no es un enigma, respondió el diablo, si renuncias a cortar el árbol, te ofrezco dos monedas de oro.

¿Quién me las dará?.

Yo mismo. ¿Cuándo?.

Cada mañana, cuando despiertes.

El hombre bajó el hacha y regresó a su casa.

La mañana siguiente, un mendigo llamó a su puerta, le dio dos monedas de oro y se marchó rápidamente.

Al día siguiente, el hombre se levantó temprano y esperó al mendigo. Pero lo esperó en vano.

Nadie le llevó las dos monedas de oro prometidas.

El hombre muy enfadado cogió su pesada hacha y corrió hacia el árbol. Allí encontró al diablo en su forma humana, quien le dijo: ¿Qué vas a hacer con esa hacha?.

¡Voy a cortar el árbol! No. Ya no eres capaz de cortarlo. El hombre levantó el hacha.

El diablo la tocó con un solo dedo y la tiró. Después empujó al hombre, que se rompió la espalda al golpearse contra un muro, y estuvo a punto de morir. 

¿Quién eres?, ¿de dónde procede esa fuerza sobrenatural?.

De las monedas que has aceptado. Cuando quisiste cortar el árbol para proteger el verdadero culto de Dios, no podía hacer nada contra ti.

Pero cuando has querido cortarlo porque estabas enfadado a causa de las monedas de oro que no has recibido esta mañana, has caído en mis manos.

Y por eso te he machacado. Autor anónimo.Amigo lector, para lograr una meta se requiere un deseo vehemente por alcanzarla y... ambición.

Es ésta la que nos guía a través de la adversidad y nos permite superar todos los obstáculos; es el antídoto contra los límites, los miedos y los fracasos... el aliento de quien realmente desea vivir.

Pero, no se confunda, que el problema de la ambición no está en el legítimo deseo de prosperar, ni en la noble aspiración de mejorar, sino en doblegarse ante la tentación de convertir su existencia en una  lucha enfermiza por hacerse de poder y de riqueza. 

No se olvide de vivir, ni se aferre al desasosiego que le impide disfrutar el presente por esperar un porvenir que nunca llegará.

Ambicionar no es malo, es necesario, pero nunca, nunca... en detrimento de nadie más. ¿Usted qué opina?