Cosmovisión

¡Urgente!

A ti, que siempre vives la vida a un ritmo vertiginoso, quiero recordarte que lo más importante que tienes en la vida, eres tú y todos los que te rodean. Recuerda que...

Urgente es la palabra con la que vivimos día a día, y a la cual, le hemos perdido ya todo significado de premura y prioridad... Es la manera más pobre de vivir porque el día que nos vamos, dejamos pendiente las cosas que verdaderamente fueron urgentes.

Urgente es que hagas un alto en tu ajetreada vida, y te preguntes: ¿Qué significado tiene todo lo que hago?... Es que seas más amigo, más humano, más hermano.

Urgente es que sepas valorar el tiempo que te pide un niño, una niña... Es que cada mañana, cuando veas salir el sol, te impregnes de su calor, y le des gracias al Señor, por tan maravilloso regalo.

Urgente es que mires a tu familia, a tus hijos, a tu esposa, y a todos los que te rodean, y valores ese tan maravilloso tesoro... Es que les digas a las personas que quieres, hoy, no mañana, ¡cuánto los quieres!

Urgente es que te sepas hijo de Dios, y te des cuenta que él, te ama y quiere verte sonreír feliz y lleno de vida... Es que no se te vaya la vida en un soplo y que cuando mires atrás, seas ya un anciano que no puede echar tiempo atrás... que todo lo hizo urgente.

Urgente fue un gran empresario, un gran artista, un profesional, que llenó su agenda de urgencias, citas, proyectos, pero dentro de todo, lo más importante, se le olvidó: VIVIR. Facundo Cabral.

Amigo lector, vivimos en la sociedad del vértigo y la inmediatez, del mando virtual y la aceleración institucionalizada, de la impaciencia y la comida rápida. Donde “No hay tiempo”, “al momento” y “termínalo para ayer”, se convierten en el pan nuestro de cada día.

Se impone la urgencia y nos invade la prisa, siempre “por el carril de alta” y acostumbrándonos a vivir con el tiempo justo. Donde ir rápido se convierte en la trampa en la que casi todos caemos y de la que muchos... hacemos una forma de vida.

La distribución del tiempo nos retrata, las circunstancias mandan y más que controlar y disfrutar del tiempo, éste nos dirige y nos domina. Donde paradójicamente, aunque cada vez corremos más y lo hacemos más aprisa, cada vez disponemos de menos tiempo.

Cambie su reloj por una brújula, antes que apurarse, ¡ubíquese! dedique más tiempo a cuidarse y a quererse. Asienta que moverse lentamente no significa vivir con apatía; que la prisa mengua la capacidad de sentir y de paladear las experiencias; que la serenidad lo hace más efectivo y le permite gozar la vida y no solo sobrellevarla.

Atienda lo realmente importante en vez de lo meramente urgente, logre que su vida deje de ser un frio boceto sin color ni forma... haga que las pequeñas pinceladas del día a día la conviertan en una obra trascendente. ¿Usted qué opina?