Cosmovisión

Reflexiones de Anthony de Mello

PARÁBOLA DE LA VIDA: Un autobús lleno de turistas atraviesa una bella región llena de lagos, montañas, ríos y praderas. Pero las cortinas del autobús están cerradas, y los turistas, se pasan el viaje discutiendo sobre quién debe ocupar el mejor asiento del autobús, a quién hay que aplaudir, quién es más digno de consideración... y así siguen hasta el final del viaje.

Maestro: ¡el viaje es el destino!... si no vives en el ahora perderás gran parte de tu vida

ATA TU CAMELLO: Un discípulo llegó a lomos de su camello ante la tienda de su maestro sufí. Desmontó, entró en la tienda, hizo una profunda reverencia y dijo: “Tengo tan gran confianza en Dios que he dejado suelto a mi camello ahí afuera. Estoy convencido de que Dios protege los intereses de los que le aman”.

“¡Pues sal y ata tu camello estúpido!”, le dijo el maestro. “Dios no puede ocuparse de hacer en tu lugar lo que eres perfectamente capaz de hacer por ti mismo”.

El MONO QUE SALVÓ A UN PEZ: “¿Qué demonios estás haciendo?”, le pregunté al mono cuando le vi sacar un pez del agua y colocarlo en la rama de un árbol. “Estoy salvándole de perecer ahogado”, me respondió.

Lo que para uno es comida, es veneno para otro. El sol, que permite ver al águila, ciega al búho.

EL PEQUEÑO PEZ: “Usted perdone”, le dijo un pez a otro, “es usted más viejo y con más experiencia que yo y probablemente podrá usted ayudarme. Dígame: ¿dónde puedo encontrar eso que llaman Océano? He estado buscándolo por todas partes, sin resultado”.

“El Océano”, respondió el viejo pez, “es donde estás ahora mismo”. “¿Esto? Pero si esto no es más que agua... Lo que yo busco es el Océano”, decepcionado, replicó el joven pez, mientras se marchaba nadando a buscar en otra parte.

DIÓGENES: Estaba el filósofo Diógenes cenando lentejas cuando le vio el filósofo Aristipo, que vivía confortablemente a base de adular al rey. Y le dijo Aristipo: “Si aprendieras a ser sumiso al rey, no tendrías que comer esa basura de lentejas”. A lo que replicó Diógenes: “Si hubieras tú aprendido a comer lentejas, no tendrías que adular al rey”.

Amigo lector... ¡Dios oculta las cosas poniéndolas ante nuestros ojos!, y usted, ¿qué opina?