Cosmovisión

Lo que sé

Mis hijos no tuvieron las ventajas que tuve yo en mi infancia: Cuando uno viene de la pobreza más abyecta, no hay otra dirección adonde ir que no sea hacia arriba.

Sé que el amor es más hondo a medida que uno se hace más viejo; que todo el mundo tiene ego;  que Dios no necesita que le cantemos alabanzas sino que seamos mejores como personas; que cada hijo es diferente y que no hay que aconsejarlos mucho y dejarlos cometer sus propios errores; que lo que te compromete te libera y que todo aprendizaje termina sólo cuando mueres.

Sé que si un hombre me insinuara que nunca cometió un pecado, no me interesaría hablar con él; que los musulmanes siguen a Mahoma; los cristianos, a Jesús y los judíos, a Moisés, pero en mi opinión, es el mismo dios.

Sé que los hijos necesitan la misma cercanía física con el padre como con la madre; que he vivido grandes decepciones, pero también que “¡Por lo menos traté!”, y que hay días que pienso que ése debería ser mi epitafio.

He sobrevivido a la caída de un helicóptero, a un infarto que casi me lleva al suicidio. Tengo un marcapasos y problemas en el habla. ¿Y qué? siempre me digo: la edad está en la cabeza. Es el único antídoto que nos permite seguir funcionando.

Sé que por “algo” la política se ha vuelto una mala palabra, y que la única gente que puede destruir Israel son los judíos, porque su obstinación alimenta la división. Como decía el chiste en que se encuentran el presidente de USA y el de Israel y éste le dice: “Sé que ha de ser difícil ser presidente de 250 millones de personas, pero ¿sabe lo que es ser presidente de cinco millones de presidentes?”.

Sé que todo el mundo habla de los viejos tiempos, y lo único que yo sé de los viejos tiempos es que ya pasaron. Creo que hasta ahora empiezo a saber quién soy. Como si mis virtudes y mis defectos hubiesen estado hirviendo en una olla todos estos años, y con el hervor se hubieran ido evaporando y convirtiéndose en humo, y lo que queda en el fondo de la olla es mi esencia, y se parece inquietantemente a aquello con lo que empecé al principio.

Así contestó, a los 84 años, el actor Kirk Douglas a una entrevista de la revista Esquire.

Amigo lector, usted... ¿qué opina?