Cosmovisión

Actuemos

Fuimos criados con principios morales: cuando niños, era inimaginable responder o tratar sin mostrar respeto a nuestros mayores. Confiábamos en los adultos porque todos eran o padres o familiares de todos los vecinos del barrio. Solo temíamos a la oscuridad y a los ratones. Hoy siento tristeza por todo lo que hemos perdido. Por el miedo que percibo en la mirada de los niños, jóvenes, adultos y viejos.

¿Qué pasó con nosotros? ¿Pagar las deudas es ser tonto?, ¿los honestos son ridículos?, ¿no aprovecharse de la situación es ser necio?

Profesores maltratados en las aulas, comerciantes amenazados por la delincuencia rampante, los corruptos jactándose de su poder, rejas en nuestras ventanas y puertas. Cada uno encerrado en su mundo. ¿Dónde están los valores, la moral y la ética? ¿Desde cuándo a lo correcto se le considera ridículo?

Es más importante una TV de pantalla gigante que una conversación entre amigos o familiares. Más vale un traje de marca que un diploma. En definitiva, vale más parecer, que ser.

Ya estoy harto de vivir asustado y encerrado por temor. ¡Quiero sacar las rejas de mi ventana y sentirme libre! ¡Quiero que la honestidad vuelva a ser motivo de orgullo! ¡Quiero que se vuelva a poner de moda la rectitud de carácter, la cara limpia y la mirada a los ojos!

¡Quiero esperanza, alegría, confianza y fe! ¡Quiero que nos avergoncemos de lo que está mal y seamos solidarios! ¡Quiero que la palabra dada, vuelva a ser sinónimo de compromiso! ¡Quiero ser y no simplemente tener y hacer! ¡Quiero recuperar la verdadera vida, simple como la lluvia, limpia como el cielo y refrescante como brisa de la mañana!

Sueño con un mundo sencillo. Un mundo que tenga el amor, la caridad, la solidaridad, el respeto y el perdón como valores incuestionables. Donde no se tolere la corrupción, la falta de ética, de moral y de respeto.

Volvamos a ser los protagonistas de nuestra propia vida y a recuperar el tesoro que poco a poco hemos ido perdiendo. Construyamos un mundo mejor y más justo, donde las personas se respeten y donde podamos vivir auténticamente en paz. Autor anónimo.

Amigo lector, intentémoslo al menos... Nuestros hijos se lo merecen. Usted, ¿qué opina?