Acentos

Los síntomas

No se puede negar el esfuerzo que desde las instituciones se lleva a cabo por mejorar la situación del país. Es de reconocerse que todo el gobierno se puso en operación para prevenir y paliar los efectos del huracán Patricia.

Se escuchó a funcionarios del gobierno federal explicar el método de prevención que se diseñó para enfrentarlo. Se notaba cuidado y profesionalismo. Las voces en los medios eran frecuentes y orientadoras. En los llamados de alerta del Presidente, su rostro transmitía más que recomendaciones.

Sin duda que hay voluntad de hacer bien las cosas. En otras áreas de observa esa misma actitud. Y muchas cosas mejoran. Gobernación explica, dialoga, deja traslucir a legisladores y a la opinión pública hasta sus propios errores. Hay resultados. Se paga menos por la luz, el teléfono y la gasolina.

Pero es visible que estos y otros logros son las respuestas de un gobierno que actúa bajo la presión de sus culpas. El problema es que ahora tiene que enfrentar perturbaciones y deformaciones en la sociedad, cuyas causas pueden provenir, no de unas cabezas trastornadas por un momento de ira, cobardía o bestialidad, ya sea en el anonimato de una turba, como es el caso del linchamiento en Ajalpan, el colgado en Iztapalapa, el mataperros de la Condesa, o el intento de asesinato del ex gobernador de Colima Fernando Moreno Peña; se trata de algo peor: evidencian los síntomas de un fenómeno más profundo en el que se mezcla una alta dosis de resentimiento social con el abatimiento en muchos ciudadanos de los valores de la justicia y la moral.

Cuando se habla de que los sentimientos morales en la sociedad están corrompidos, se piensa en los niveles de justicia distributiva; hace tres décadas que optamos por un modelo que privilegia el mercado, que apuesta por el crecimiento económico, el cual, liberados del Estado mastodonte, supuestamente, nos aliviaría de los males sociales, pero ya no hay duda de que México crece pero sin justicia distributiva, y tampoco dudamos de que la desigualdad ahonda las contradicciones sociales, causa primera del resentimiento.

Aquí es donde hay que recordar la violencia que nos agobia. Antes de los años 70 no éramos santos (claro, nunca lo hemos sido) y se saben de célebres historias de crímenes y criminales, pero siendo menos el número de mexicanos y no tan desiguales, la violencia se focalizaba, principalmente, en la delincuencia común, y las matanzas como las de hoy eran prácticamente inexistentes.

Los 70 trajeron la violencia guerrillera y las primeras manifestaciones de la confrontación del narcotráfico. En el primero de los fenómenos era por razones diferentes y se argumenta que la violencia era como la de hoy, pero se ocultaba la información. No es ni tantito cierto. Hoy es más notoria, simple y llanamente porque son más los competidores y se disputa un mercado mucho más grande. Y porque los medios son más afanosos por estos temas.

La lucha entre bandas criminales tiene reglas; pero sucede con ellos como en la competencia entre los empresarios: hay enfrentamientos; si se violan las reglas entre las bandas del narcotráfico es igual, pero es lógico que se tornen más despiadados e insaciables de sangre. Y en ambas disputas, para nuestra desgracia, media la intervención de empleados públicos que ha corroído y debilitado el sistema político.

En esas condiciones, es como si el gobierno navegara siempre con viento en contra. Le suceden cosas horrendas y absurdas. Por la forma en que se fugó El Chapo Guzmán en esta segunda ocasión y los escándalos de corrupción metidos en la cabeza de la gente, el margen de confianza en el gobierno se redujo.

Se vale repetirlo: los síntomas del debilitamiento del sistema y de las instituciones son producto de la corrupción y la impunidad, y es en este territorio de inmoralidad donde vemos reproducirse la conducta violenta de muchas personas y la descomposición social, ambas, enemigas de la convivencia y de la democracia, ambas, amenazas fatales de la estabilidad, la seguridad de las personas y la gobernabilidad del país. Combatirlos como si amenazara un huracán en Alencastre, es lo urgente.