Acentos

La línea oscura del Metro


Se parte del hecho de que el Sistema de Transporte Colectivo (SCT) Metro es el medio de movilización más importante para las clases medias y populares de la Ciudad de México.

Es conocido que el tramo suspendido en la Línea 12 afecta a casi medio millón de usuarios, pero es imposible ignorar que la cantidad de gente perjudicada es mucho mayor por los graves efectos colaterales que esta suspensión provoca en el comercio y en general en las actividades productivas, educativas, culturales y sociales de la ciudad.

Asimismo, se debe deducir que quien utiliza esta ruta vivió momentos de peligro de los cuales no tuvo conocimiento, y hoy está sufriendo un vía crucis en su vida personal y laboral.

Una lectura catastrofista de lo acontecido permitiría decir que muchos de estos usuarios están vivos por azar o la fortuna, admitiendo, como debe ser, que esa misma fortuna también se traslada a los funcionarios del Gobierno del Distrito Federal y a los propietarios de las empresas constructoras, donde se amalgama un expediente voluminoso de irresponsabilidades, donde germinan las acciones humanas que pervierten el interés público para convertirlo en interés privado o partidista.

En un lapso de diez meses las autoridades capitalinas se contradijeron. Admitieron las certificaciones que garantizaban la calidad de la obra pocos días antes de que se inaugurara, en octubre de 2012; para la mitad del año siguiente tenían en su poder informes que revelaban que la obra más importante del gobierno de Marcelo Ebrard Casaubón presentaba defectos en la construcción y los consecuentes riesgos para los usuarios.

El hecho de que el pomposo ex jefe de Gobierno Marcelo Ebrard pagara 119 millones de pesos a un consorcio alemán por el certificado de garantía del funcionamiento de la línea, unos días antes de la inauguración (lo cual era ya un signo de precipitación), independientemente de las categóricas cláusulas de calidad de dicha certificación, junto al otro hecho contundente de que para agosto de 2013 ya se estaban reparando tramos de la línea, hace pensar que algo estaba mal mucho antes de que la Línea Dorada se pusiera en marcha.

Las fallas que obligaron a la suspensión son para hacer temblar a cualquiera: a poco de entrar en operación, los vagones rodantes revelaron diferentes defectos en toda la obra: niveles de desgaste y ondulaciones en los rieles, “deformaciones en las ruedas de los trenes y golpeteos que generan vibraciones y afectaciones al sistema de catenarias aéreas”. Ningún usuario sabía, porque había tramos en los que se reducía la velocidad a 35 kilómetros por hora.

No es solo la deficiencia técnica lo que escandaliza. La Línea 12 nació con mala estrella: a los retrasos en los proyectos, a las impugnaciones a los constructores ganadores de la obra —fue muy sonado el de Bombardier contra la armadora española Construcciones y Auxiliar de Ferrocarriles (CAF)—, se sumó una denuncia pública donde se exponía un presunto conflicto de intereses, dado que los hermanos, Luis y Enrique Horcasitas, el primero era directivo de la constructora ICA, participante en el consorcio responsable de la obra, y el segundo, Enrique, ni más ni menos que director del Proyecto Metro.

Todo esto demuestra que fueron decisiones técnicas y políticas las que malograron la obra en perjuicio de la sociedad. Esto nos recuerda que los grandes negocios se resuelven en la oscuridad; son fruto de acuerdos cupulares; en ellos comparecen los gobernantes y los poderes fácticos; ellos tenían, y tienen, los instrumentos para nombrar al que iba a ser el responsable oficial del Proyecto Metro, y para decidir qué consorcio privado construiría la obra.

Y este consorcio y estas empresas no tuvieron la capacidad de responder a las exigencias que implica un trabajo de esta magnitud, en una ciudad en  la que es conocido el reto técnico que implica construir sobre el suelo y el subsuelo de la capital.

En el diagnóstico del STC Metro sobre la situación, se pone en claro que existe una incompatibilidad entre las vías diseñadas y construidas por ICA, Carso y Alstom, con los sistemas de rodadura férrea de los 30 trenes diseñados y construidos por la citada  armadora española CAF. Lo ha dicho el experto Bernardo Baranda con toda claridad: todos los elementos que garantizaban la correcta operación de la línea debieron estar previstos en el proyecto original.

Entonces, ¿por qué estas fallas garrafales en la Línea 12? ¿Por qué el uso de material de mala calidad? Por eso: por incompetencia, irresponsabilidad, deshonestidad, arrogancia, abuso de poder, lo que alimenta la sospecha de que tal vez estemos ante un fraude de grandes proporciones.

¿Qué vendrá después? Lo que ya estamos viendo. La línea de la oscuridad. El abultamiento de información contradictoria, la mutación de la realidad en mentiras, los engaños informativos, las simulaciones técnicas, los dimes y diretes, es decir, el levantamiento de una densa y espesa nube negra que proteja los intereses políticos y económicos, y deje a los culpables a salvo de la mano de la justicia.

jorge.medina@milenio.com