Acentos

Oportunidades y desafíos

Para Ciro Gómez Leyva, con gratitud y admiración.

Vivimos en una sociedad libre y quien lo niega en público no hace sino confirmarlo. Tenemos la libertad de decir que no lo somos. La forma de manifestarnos o de expresarnos, de hacer lo que hacemos (el bien o el mal que nos circunda) de la manera y magnitud en que lo observamos en nuestra vida cotidiana, demuestra que somos, en muchos sentidos, una sociedad liberal.

Pero una cosa es que seamos capaces de ejercer las libertades y otra es que seamos capaces de construir un proyecto común a partir de sólidos fundamentos políticos y morales, pensando en el presente y en el futuro que debemos alcanzar como país.

Nos vanagloriamos de nuestra cultura y de nuestra historia, presumimos nuestras raíces y nuestras bellas playas y montañas, pero hay evidencias de que este tesoro vivo y acumulado de poco sirve para darnos norte en el camino que debemos recorrer para cambiar la situación en que vivimos. No nos alcanza tampoco para dejar de ser inferiores en indicadores de competitividad o en educación como miembros de la OCDE.

Nos cuesta trabajo procesar y asumir que la polarización provocada por la alternancia y la incapacidad de las fuerzas políticas para digerir victorias y derrotas, a la que siguieron durante el segundo gobierno panista una violencia infernal —y yo diría que aunada la desigualdad— y más polarización social, han sido un freno para darle al país el dinamismo que requiere para consolidarse como una sociedad de democracia constitucional.

No se trata de buscar culpables únicos o mayores en este proceso fallido o disminuido. No es solo obra o a causa de los políticos, sino que también le corresponde a la sociedad misma, cada vez más materializada y egoísta; pero es innegable que la pobreza conceptual y la mezquindad política de partidos y políticos impresentables han dado sustento y hecho más justificable la discordia paralizante. Nos hacemos los ignorantes de sociedades que a causa de estos conflictos se han sumido en la mediocridad o, incluso, en guerras civiles. Ya ni siquiera nos ofende que vayamos a la zaga en nuestro crecimiento y en nuestro desarrollo ante varios países de América Latina.

Por eso es cada vez más urgente para la sociedad liberar este proceso de transición de sus ataduras. Se entiende que el Pacto por México es una plataforma de principios para ampliar el horizonte del futuro del país, pero para ser eficaz debe superar algunas actitudes de los dirigentes de los partidos, obedientes dogmáticos a sus intereses o a su ideología.

Es aquí en este método donde está la clave del cambio del país. Es en la confrontación de las diferentes visiones e ideas donde deben buscarse alternativas; el diálogo se vuelve eficaz en la aceptación de las propuestas del otro; es a través de éstas como se llega a los acuerdos y al consenso, necesarios en el tratamiento de las reformas más importantes del futuro y para la gobernabilidad democrática.

Esta fórmula fue la que se aplicó con éxito para lograr la aprobación de la ley de ingresos en la Cámara baja con reformas que no conocíamos. El hecho de que votaran legisladores del PRI, el PRD y aun algunos del PAN, a favor del retiro de la consolidación fiscal que favorecía la evasión de las empresas, así como los impuestos a los alimentos chatarra y a las ganancias a los capitales de la Bolsa Mexicana de Valores, nos habla de que hay cada vez más conciencia de la necesidad de encontrar formas de redistribución del ingreso, que permitirán ir sentando las bases firmes para construir el Estado social de derecho mexicano.

La discusión por venir de la ley de egresos definirá verdaderamente el carácter de estas reformas fiscales aprobadas en la ley de ingresos; es obvio que de poco servirán si los ingresos se aplican en gastos inútiles. Es en la ley de egresos donde el Poder Legislativo podrá hacer efectivo el gradualismo reformista, con el cual es posible mejorar las condiciones de vida de muchos mexicanos, y esto se logrará reduciendo estructuras burocráticas obesas, evitando gastos suntuarios, eliminando corrupción y, sobre todo, invirtiendo más en educación, ciencia e innovación.

Hay muchas cosas que superar, cuando sabemos que hay individuos que piensan como Gustavo Madero. “Yo le digo al PRD que vote contra la hacendaria y nosotros votamos contra la energética”, expresó el líder del PAN, que ha calificado de “tóxica” la ley de ingresos.

Mezquindad por mezquindad, intoxicar por intoxicar el ambiente político, hablar desde el rencor por el rencor tienen que ver con el estancamiento del país. Sabemos que la reforma energética es la madre de las reformas y que Andrés Manuel López Obrador prepara el material inflamable para impedirla.

Pero hoy es tiempo de oportunidades y desafíos. De diálogo y acuerdos. De seguir adelante.