Acentos

Mitos y enigmas

Como el pasado ya pasó no sabes qué es en realidad lo que ha pasado: José Emilio Pacheco, Enigmas, “Irás y no volverás”

Jesús Zambrano se confiesa; habla de lo que cree que lo puede salvar. Ve en la aprobación de la reforma energética “el rostro del salinismo”.

Se equivoca de nuevo el líder del PRD.

Es la izquierda abocada a los mitos y no a la realidad la que está ante sus ojos. No ven lo que ya pasó. Los mitos, dice Camus, “están hechos para que la imaginación los anime”.

La izquierda sigue aferrada al pasado y a sus debilidades políticas. Esta vez se dejó engañar y lo peor es que lo hizo en nombre de un compromiso social. Como la derecha, aseguró que su participación en el Pacto por México la hacía con respeto a sus principios. La derecha decía la verdad, la izquierda no mentía, pero se mentía a sí misma.

A la reforma energética de la que se deslindó, el PRD opuso el mito nacionalista como bandera principal. No fue capaz de ganar cediendo, no tuvo la capacidad de formular propuestas para preservar lo que debería preservar, ni la audacia para hacer que los participantes del Pacto garantizaran genuinamente la propiedad estatal del recurso.

Optaron por huir. Dejaron el espacio vacío que ya les había generado un alto costo político; solo les quedó la posibilidad del pataleo tardío, el grito inaudible a causa del ambiente eufórico de la reforma aprobada.

Asimismo, como expresión de su impotencia, tal como se propone, una consulta popular para revertirla está fuera de la realidad. No solo es jurídicamente difícil de sostener, sino políticamente inviable. Se protesta estérilmente, se sitúa la batalla en las mismas coordenadas del mito.

El gobierno no hace mucho esfuerzo: simplemente está ofreciendo una opción que no existía para mejorar la situación del país, una opción que, según se dice, llevará a romper con la fatal inercia de una economía mediocre.

Nadie puede asegurar que esa promesa se convertirá en realidad, pero una vez más la sociedad se aferra a la esperanza. Vencer después de varios intentos las barreras jurídicas, políticas y culturales que se levantaron contra una ley expropiatoria de hace 75 años hace más resonante la victoria obtenida por el gobierno, pero, sobre todo, neutraliza los argumentos contra la propia reforma y evita que encuentren eco en la sociedad.

Y, por lo mismo, vuelve más difícil la posibilidad de que la izquierda logre remontarla o modificarla.

En estas circunstancias irreversibles, la izquierda se enfrenta a una nueva coyuntura y, por lo tanto, a nuevos retos. Por principio, tendrá que asimilar que de ellos depende que el tamaño de la victoria del presidente Peña Nieto vaya a ser también el tamaño de su derrota.

Y para evitar que dicha derrota sea la máxima, tendrá que comprender que por la dimensión económica de la reforma, el país puede empezar un proceso de cambios de diversas consecuencias, algunas de ellas riesgosas.

Han dicho algunos miembros de la propia izquierda, entre ellos el ex priista Manuel Camacho, que con esta reforma “se va a petrolizar la economía del país”. Se exagera, pero eso no es tan grave como lo que sí es más probable: lo que puede ocurrir en nuestro país en los próximos años es una mayor tendencia a economizar la política, es decir, a debilitar más aún a la política y a los partidos, lo que significa una mayor desconfianza en las instituciones democráticas, una menor preocupación activa por la cosa pública, un alejamiento entre la sociedad civil y las instituciones.

En este esquema se busca hacer prevalecer la preeminencia de lo privado sobre lo público y uno de los mecanismos es el debilitamiento y el desprestigio de los políticos. Hacerlos perder credibilidad es parte de estos procesos en los que se quiere ratificar el reinado de la prédica pro empresarial.

Alejarse de los mitos, observar, interpretar, estudiar las nuevas lógicas que van a condicionar la política con estas reformas de largo aliento obligan a la izquierda —y a todos los partidos— a un nuevo comienzo, a estudiar qué fue lo que realmente pasó y descubrir los enigmas que les permitan ver el futuro.

LOS DIEZ MÁS CORRUPTOS

A una cultura moralina e hipócrita de algunos medios de comunicación, corresponden las denuncias de supuestos políticos corruptos, sin nombrar a los presuntos corruptores.

El inmundo artículo de Dolia Estévez, publicado por Forbes, se inscribe en esta orientación. Y no tiene nada de ingenuo. Manufacturado con propósitos políticos y económicos, sin soslayar su falta de ética y objetividad periodística, es un artículo sin bases ni fuentes confiables; no se propone inhibir a los supuestos corruptos, sino provocar que se piense que todos los políticos mexicanos son así. Ése ha sido el objetivo de este tipo de periodismo que allana el camino para los detractores de la política.

jorge.medina@milenio.com