Acentos

Basave y el PRD

Muchos priistas dieron el salto al PRD por falta de oportunidades o porque el conservadurismo político e ideológico del PRI les resultaba difícil de sobrellevar. No conozco las razones, las mencionadas u otras, que tuvo Agustín Basave para hacer ese tránsito, pero asumiendo que durante una época militó en el PRI, fue legislador y alto funcionario de gobiernos de este partido, constato que estamos hablando del mismo que ahora está siendo elevado al cargo de presidente del PRD.

Lo recuerdo cerca de Luis Donaldo Colosio, en la fundación que lleva el nombre de éste, presentando donde tenía oportunidad sus credenciales académicas, ostentando sus relaciones con las élites del PRI y de ciertos círculos intelectuales. Entonces ya mantenía contacto con algunos personajes de la disidencia. Se mostraba como un político de mente abierta, pluralista. Basave era visto como un priista joven, algo iconoclasta, un poco pretencioso.

Proteicos somos todos. Y él lo fue en el 2000 para participar como miembro de la Comisión de Transición en la alternancia de Vicente Fox; y fue embajador en Irlanda durante su gobierno. Si alguien conoce este país y el encanto de la ciudad de Dublín, no podemos decir que aquello fue un destierro. Para nada. Fue, como para el ex presidente Carlos Salinas de Gortari, lugar para pensar, para tertulias olímpicas con los amigos de verdad, un exilio dorado en una ciudad mágica, ideal para "escribir un libro". Un lujo que se pueden dar los pocos que tienen mucho y algo como un ego muy grande, eso que es semejante a la creencia de que tienen el mundo a sus pies.

Pero Basave debe ser de los que buscan convertir sus ilusiones en realidades, a partir de que lo que piensa que hace está bien; solo así se puede ser priista, trabajar para un gobierno del PAN y acomodarse con tanta precisión en el PRD; esto tiene su mérito; y lo es también convencer prácticamente a todas las tribus de que sea él quien tome las riendas del PRD.

Sumada a la extrañeza, mi primera impresión es que es un político sin mucha experiencia en la lucha de la izquierda.

Tampoco eso importa mucho. El problema que de nuevo un ex priista sea presidente del PRD está en otra parte. Radica en la tremenda merma ideológica y orgánica que ha sufrido la izquierda.

Cundo una persona o una institución olvidan su pasado, el presente para ellos adquiere otro significado y otra perspectiva. Pero a pesar de ello es remitido incesantemente a ese pasado. (La frase completa de Fitzgerald, El gran Gatsby, es: "Y así nosotros vamos adelante, botes que reman contra la corriente, incesantemente arrastrados hacia el pasado").

Por supuesto que estoy pensando en cómo nació el PRD, en la épica del movimiento democrático, en el momento que surgió y toda la aportación que hizo a la consolidación de instituciones y a las libertades ciudadanas. Por supuesto que estoy pensando en Cuauhtémoc Cárdenas, en los fallecidos Heberto Castillo y Arnoldo Martínez Verdugo.

El ingeniero Cárdenas ya no está en el partido. Todavía en el último relevo de la dirigencia se habló de la posibilidad de que regresara a la presidencia. Los que se opusieron son los que están impulsando a Basave.

—Fue mejor, ingeniero.

Así no es difícil imaginar el marasmo en que está sumergido el PRD, donde primero están los intereses y luego los principios. Dice mucho que ni Armando Ríos Piter ni Zoe Robledo siquiera quisieran competir contra Basave. Su partido no termina de atravesar la vergonzosa travesía guerrerense y optan por la opacidad en el procedimiento de elección. De eso se quejan los legisladores, ya en la orilla, con un pie fuera.

Pero así será: como nuevo dirigente, Basave tendrá que sortear la difícil etapa de la recuperación. Sus rasgos académicos le servirán para hacer política de salón, esa que se maquina en los cafés, en las oficinas gubernamentales con las cortinas cerradas; en aquellos lugares donde se pueden lograr acuerdos que tengan el manto protector del propio gobierno, para que la recuperación se logre. Y si eventualmente el final del PRD está por venir, habrá alguien al que no le temblará la mano para aplicar la eutanasia.