Articulista invitado

Una reforma para las mayorías

La aprobación de las leyes secundarias en materia energética representa un paso fundamental en el avance hacia mayores beneficios para los más desprotegidos del país; habrá más competitividad y calidad para consumidores.

La aprobación de las leyes secundarias en materia energética representa un paso fundamental en el avance hacia mayores beneficios para las mayorías más desprotegidas del país.

La rectoría del Estado en la explotación y exploración de los hidrocarburos se mantiene y se reafirma, pero con un elemento esencial: habrá más competitividad, y ese factor conlleva siempre a una mejoría en la búsqueda de opciones más diversas y de más calidad para los consumidores.

Pemex y CFE deberán ser más competentes y más eficientes porque ya no existirán como monopolios estatales, sino que deberán ser empresas versátiles, modernas, atractivas y, sobre todo, líderes internacionales en sus ramos.

Este paso era inevitable —de hecho se había convertido en una necesidad ineludible—, el paso de abrir el mercado energético y el de los hidrocarburos para que otras empresas, aparte de Pemex y CFE, exploren y extraigan petróleo o hidrocarburos para que se los entreguen, ya sea en dinero o en especie, a la nación.

Porque Pemex lo hacía todo solo y también corría con todos los riesgos y, por ende, asumía todas las pérdidas. Por ejemplo, en Chicontepec, Veracruz, Pemex ha invertido más de 280 mil millones de pesos en operación y extracción, pero de esa millonaria suma únicamente ha obtenido menos del 15 por ciento en petróleo y en gas.

No se podía ni se debía seguir permitiendo que esto continuara ocurriendo: que con recursos públicos, con el dinero de los mexicanos se prosiguiera la apuesta hacia exploraciones y explotaciones límite, perdiendo  inversiones que debemos dedicarle al desarrollo del país.

Con la reforma, Pemex no seguirá llevando a ese extremo sus opciones, o al menos ya no estará solo, sino que contará con el respaldo de otras empresas, pero no de cualquiera, sino de las que mejores propuestas tengan, las que aporten tecnología de punta y las que, sobre todo, redunden en mayores beneficios para los mexicanos.

Respecto a la energía eléctrica, se trata de uno de los rubros menos competitivos para México. Al hacer un comparativo del precio de la energía eléctrica que hay en Estados Unidos, el dato es contundente: 70 por ciento es más cara en México.

Y esto lo perciben y lo saben quienes viven en las fronteras, ya que las empresas maquiladoras y la pequeña y mediana industria que estaban en el lado mexicano se han ido a Estados Unidos, precisamente por el costo más barato de la energía, pero también por el gas, ante el boom que por este recurso se vive en la actualidad en Estados Unidos.

Aquí es donde entra la relevancia de la reforma energética: impide que se vayan a otro lado las empresas que pueden estar en el país, o que ya estaban asentadas en el territorio nacional, generando empleos, invirtiendo; y además la reforma va a ser un gran imán para la creación de nuevas empresas en México.

El Senado de la República ha vivido un debate intenso en los últimos días, pero con un matiz muy particular: hay quienes temerosamente miran al país por el espejo retrovisor, y hay otros, más audaces, que ven un futuro en México con muchos más empleos, con combustibles más baratos, con la creación de nuevas empresas, con precios más accesibles para todas las familias y, en fin, con un porvenir más promisorio para el país.

Y si a pesar de todo lo anterior la ciudadanía se sigue preguntando ¿por qué Acción Nacional apoyó e impulsó esta reforma energética?, bien, pues no hay una respuesta, sino varias y, algunas, vale la pena reiterarlas:

  • Porque la nación es y seguirá siendo la dueña del petróleo y demás hidrocarburos, al tiempo que el Estado seguirá ejerciendo la rectoría sobre la explotación y producción de los hidrocarburos y el sistema eléctrico.
  • Pemex y la CFE se fortalecerán al transformarlas como empresas productivas del Estado; porque mediante estrategias de gobierno competitivo se romperán esquemas que fomentan la burocracia, ya que se deberán adoptar las mejores prácticas internacionales en su administración y operación que, al ser paraestatales, les estaban negadas.
  • En todos los rubros del sector habrá competencia, un mayor y mejor aprovechamiento de nuestros recursos y más y mejores energéticos a menores tarifas.
  • Además, y es un tema de capital relevancia, se elimina la posibilidad de expropiación de terrenos de particulares para la explotación de hidrocarburos.
  • Se cuida que los propietarios de las tierras donde se encuentre el petróleo y demás hidrocarburos —ejidatarios, campesinos, agricultores, ganaderos—, tendrán la oportunidad de participar en proyectos, pues recibirán un porcentaje de las ganancias mediante acuerdos de ocupación temporal.
  • Se incrementa en todos los proyectos a cargo de empresas internacionales del 18 a 35 por ciento el contenido nacional, con el objetivo de que se queden en el país más ganancias, para impulsar la industria, la economía y el empleo.
  • Se procura que sigan existiendo los apoyos focalizados, sobre todo en zonas rurales y urbanas marginadas para garantizar el abasto de energía eléctrica con tarifas sociales.
  • Se garantiza que el Estado se siga haciendo cargo del pasivo laboral de Pemex para asegurar los derechos de sus trabajadores. No habrá despidos masivos ni en Pemex ni en CFE.

La reforma siempre aspiró a ser una reforma para las mayorías, para que esas mayorías desprotegidas y marginadas puedan disfrutar de verdad y con certidumbre la riqueza petrolera y energética que tiene México.