Cartas de América

Aún es tiempo

Hoy, al entrar a la oficina de un notario de Huauchinango y recibir su “cortés” saludo en virtud de lo que mi padre hizo por años en esta región, entendí el legado de la lucha política sensata que debe desarrollarse para obtener respeto y deferencia, incluso por aquellos a quienes se ataca. Entendí la razón por la que me encuentro insatisfecho con mi quehacer y actividad política y las respuestas que necesitaba para saber con claridad porqué abandoné mi militancia de más de la mitad de mi vida en el PRD.

La obtención de logros políticos mediante el uso de costumbres contra las que se luchó por años en este país, que hoy, son practicas arrinconadas a unos muy pocos, ha minado la esperanza de alcanzar una nueva realidad que dignifique a nuestra gente frente a los abusos sistemáticos de los favorecidos.

El escenario político de México indica que las viejas costumbres no sólo están de vuelta, sino que han sido aceptadas, por quienes hacemos política como un mal imposible de desterrar y al que debe de sumarse todo aquel que desee una vida medianamente razonable gracias al simple avance de trayectorias públicas.

El avasallamiento de nuestras convicciones hasta el grado de incrustarnos las ajenas sin que nuestros razonamientos más elementales lo impidieran, demuestra el logro de la estrategia del olvido y uso del tiempo para que nada pase y todo siga igual.

En cambio, la inmensidad de la población, aquella que no ha peleado más que por su supervivencia diaria, está hoy, cada vez más despierta y enojada que nunca.

Valiente ecuación: población harta y despierta, con políticos iguales unos a otros. Las diferencias entre la clase política y sus estrategias para sólo ganar el poder, demuestran que los matices de las ideologías se han acercado tanto, que casi no hay distinción.

México requiere (como pueblo, no como país compuesto por instituciones rebasadas, corrompidas y obsoletas) de liderazgos enteros y con convicciones firmes, capaces de enfrentar embates mientras guardan la dignidad y no desvían el camino, hasta volver al sendero de los triunfos verdaderamente democráticos y no sólo electorales, que aun ganando, en nada cambia la realidad de la gente que nos vota.

Dejemos el engaño y el auto engaño de lado para enfrentar con valentía política (revalorando su origen) los tiempos venideros que requieren estrategias novedosas y auténticas para la transformación de nuestra sociedad alejándonos de tácticas tramposas que sólo terminarán por volvernos a engañar.

La primera valoración de cambio tiene que comenzar con la aceptación interna del error fundado en los errores cometidos que han provocado nuestra derrota. Porque es claro que no hemos ganado, sino más bien, estamos cada vez más cerca de ser parte, sabiendo que muchos ya lo son, del teatro aparentemente democrático que propicia y produce cada vez más pobres y muertos.

Cargar con el drama de nuestro país a cuestas, en nuestras conciencias, sabiendo que nos hemos vuelto parte de lo mismo, puede ser cómodo mientras nuestros fantasmas nos lo permitan; sin embargo, entre antes demos vuelta a nuestras historias para poner de frente los intereses comunes y generemos las reflexiones necesarias a partir de los cuestionamiento adecuados, evitaremos que un día, esos fantasmas se apoderen sin remedio de la pasión que toda actividad política legítima debe enarbolar, y nos reduzcan a un oficio, y no, a una lucha digna.

Nuestras preguntas son muy sencillas, resumidas en lo más elemental: ¿Cómo?, ¿Cuándo? y sobre todo… ¿Qué?, buscamos al hacer política.

Las respuestas que cada quien tenga para sí dirán si el rumbo debe continuar o hay que hacer un cambio de fondo sobre las respuestas a las dos primeras, ya que las que hemos usado, sólo nos han alejado a la tercera respuesta.

Si para algunos la respuesta a la tercera les justifica las que han dado a las anteriores, entonces sigan por ese camino, no se han equivocado, lo hemos hecho quienes con ustedes, hemos hecho política.

Sigan en su “lucha” manifiesta por conservar intereses menores como hijos incómodos del sistema que nunca vencerán, porque haciéndolo, se aniquilan ustedes mismos.

En tanto, aquellos que entendamos el error de nuestros errores, daremos una lucha real, no contra ustedes ni contra sus padres naturales, sino más bien, a favor de las convicciones por las que antes, en este país, se luchó.

Invito dar esa reflexión y debatir antes de errar de nueva cuenta, tomar conciencia, valorar nuestros legados y ver cómo levantarnos de la catarsis histórica de nuestra izquierda agonizante.

Estoy convencido de que a partir de ello, podremos, con el tiempo, reencauzar nuestros destinos por caminos que nos permitan avanzar, y llegar, con la frente en alto. Aún es tiempo.