Cartas de América

El régimen de Lorenzo

Sabedor de la teoría electoral como pocos en este país, Lorenzo Córdova Vianello fue visto desde la academia como el perfil más apto para encabezar y reorientar el rumbo perdido del entonces IFE, hoy Instituto Nacional Electoral (INE).

Lorenzo había sido asesor del emblemático consejo encabezado por José Woldenberg e integrado por Jaime Cárdenas, Jacqueline Peschard, Alonso Lujambio, Mauricio Merino, Jesús Cantú y José Barragán. Su vida académica se desenvolvía acompañada de participaciones en algunos medios de comunicación, con una crítica sana en sus análisis a quienes dirigían al órgano que hoy encabeza.

Ser hijo de Arnaldo Córdova le representó simpatías con los sectores más radicales de la izquierda, que con las referencias anteriores, cerró el círculo de adeptos a sus aspiraciones de autoridad electoral.

Con esas cartas credenciales transcurrió dos intentos por integrar el Consejo General del IFE; el primero en el 2008, cuando Pedro Salazar, su amigo, compañero y aliado, filtró cómo estuvo a punto de ser elegido no sólo como consejero, sino como consejero presidente, y se cayó de último momento en una madrugada en aquéllos estirones de las negociaciones en la Cámara de Diputados.

La noticia fue tomada con mucha negatividad entre la comunidad intelectual, pues Leonardo Valdés Zurita, por su bajo perfil y sus pocos antecedentes como experto electoral, no era una alternativa del nivel de Lorenzo. Su presidencia transcurrió con una enorme mediocridad y complacencia del fraude electoral de 2012, en particular “Monex Gate”, con el que Enrique Peña Nieto compró una cantidad millonaria de votos.

Para 2011 la suerte le cambió y llegó a la ansiada posición como integrante del consejo, un efímero consejo que por las constantes reformas electorales de nuestro sistema electoral, fue disuelto y se convocó a una nueva conformación.

Su papel en ese consejo fue tan gris como el de su presidente, no mostró la agudeza y valentía que distinguió a su padre, un académico y luchador social sumamente crítico del régimen al que ahora su hijo se disponía a servir.

Tal pasividad pudo ser el aliciente o el tranquilizante para que propuesto por el PRD en la Cámara de Diputados, no sólo repitiera como integrante del consejo en el 2014, sino que fuera electo su presidente.

Para entonces era claro el papel cómplice que él y su operador de cabecera en la herradura, Ciro Murayama, se disponían a cumplir: ver pasar el mundo mientras la democracia mexicana es vulnerada reiteradamente.

Así, un perfil ideal para dar continuidad en el INE al buen desempeño de José Woldenberg, del que se hubiera esperado que cumpliera con los seis principios rectores de nuestra democracia, sacó un carácter débil muy alejado de la certeza, legalidad, independencia, imparcialidad, objetividad y máxima publicidad que debe prevalecer.

Su primera prueba reprobada fue la elección federal de 2015 en la elección de diputados federales, en las que el PRI mostró que sus prácticas arraigadas por tantas décadas las tenían bien presentes y el árbitro electoral mostraba ser tan complaciente como aquéllas supuestas autoridades electorales que eran juez y parte al organizar, desde el PRI-Gobierno, esas votaciones en las que el PRI arrasaba.

En el 2016 pasó por alto la injerencia del dinero público y privado, ambos de origen ilegal, particularmente en la elección de Veracruz, pero presente en los doce estados que renovaron gobernador. Lo cual, anticipó claramente que la talla de sus maestros José Woldenberg y Jaime Cárdenas estaba muy lejos de sus ambiciones en su paso por el INE.

Este año nada o poco sorprendió la incapacidad, complacencia y complicidad ante la elección de Estado en el estado de México, cuyo fraude evidenció hasta dónde y cómo articularán la estrategia para repetir la receta el año entrante.

Desde las instituciones administrativas como judiciales en los niveles estatal y federal, la designación anti democrática del gobernador del estado de México muestra que el compromiso con el régimen establecido de los operadores electorales oficiales será a favor de continuar con los agravantes a la democracia que deberían enfrentar.

De tal forma que durante los once meses en los cuales el INE y su consejo, con los consejos locales y los organismos públicos locales, organizarán el proceso electoral federal y locales de 2018, plantea que iremos a una competencia con el piso absolutamente desnivelado a favor de quienes ostenten el poder en cada nivel, brindando preferencia al Gobierno de la República y su partido; y de ahí, a cada gobernador y presidente municipal para que eviten a toda costa que el régimen al cual decidió servir patéticamente el joven Lorenzo, continúe.