Cartas de América

El proyecto de la legitimación

Desde la mañana de ayer, según la voluntad del presidente de México, su país debiera de estar más tranquilo y menos enojado, gracias a la ardua explicación, valoración, investigación, argumentación, ¿defensa?, que hizo el subordinado Virgilio Andrade, nombrado ex profeso para ello, sobre el “posible” conflicto de interés cometido por su esposa con la Casa Blanca de las Lomas de Chapultepec en la Ciudad de México; su secretario de hacienda, Luis Videgaray por una casa en Malinalco, Estado de México; y él mismo, con su casita en el Club de Golf de Ixtapan de la Sal, también en el Estado de México.

Sin embargo, mucho me temo que las encuestas que la siguiente semana revise Peña Nieto, sobre confianza institucional y aprobación de gobierno, así como de popularidad del mandatario y sus funcionarios, no habrán variado, o si lo hicieron, lo habrán hecho para mal (mal suyo).

¿Es entonces cuando el mencionado se dará cuenta que ni con tan buenas intenciones como las de investigarse él mismo o investigar a su esposa o brazo (¿ex brazo?) derecho los insensatos mexicanos quedan en paz y entablará otra ruta de legitimación?; o, ¿pensará que la escogida es la correcta y debe de ser más clara y precisa, para lo cual harán falta otras tres horas de monólogo “andradista” en medios nacionales sobre el mismo u otro tema que haya presentado alguna sospecha “irracional” sobre la “cultural” corrupción mexicana que eficazmente liderea nuestra clase gobernante?

Alguna de las anteriores preguntas tiene como respuesta lo mismo: atole con el dedo al pueblo mientras me lo tranzo.

¿Y mientras, el pueblo qué hace?

Antes, aclaremos para algunos reaccionarios que lo desconocen, qué es el pueblo (para los efectos prácticos de este artículo): es la masa no gobernante que sufre para bien o para mal (regularmente) los estragos de las decisiones de aquellos que encabezan a los poderes fácticos y/o formales de México y que ni por enterados de la mayoría de ellas, aunque sean a sus costillas.

Partiendo de ello, volvemos a preguntar: ¿Y mientras el pueblo qué hace?

Pregunta apropiada por lo anterior y por la suposición de que es éste quien determina  desde la soberanía que se le adjudica desde la Revolución Francesa, entre otras facultades, el establecer la forma y conducción de su gobierno. Lo cual, en México, evidentemente no ocurre.

¿Podrá ocurrir en algún futuro cercano… o lejano?

Sin duda, debe de pasar, incluso en las naciones más atrasadas, de pronto se ven luces. Lo que hace recordar que México lleva muchos años entre sombras, ya va siendo tiempo de un poco de luz popular.

¿Cómo se podría activar? 

El enojo producido entre los mexicanos por la ceguera aristocrática y cleptócrata que padecemos es un buen inicio.

¿Pero cómo traducimos ese enojo en preguntas y respuesta que brinden posibles soluciones?

Hay muchas vías posibles, faltan muchas y ninguna sobra. Pero hay también un común denominador que juega en contra de todas: están desarticuladas entre sí.

Cada cual tiene su ruta y estrategia, así como objetivos específicos que les dieron origen o cohesión, sin embargo, nos enfrentamos como país a un reto mayúsculo: revertir el proceso de descomposición social que nos tiene en un marasmo de corrupción, violencia y pobreza generalizado.

Es, entonces, momento para imaginar una articulación o conectividad que haga posible agrupar luchas variadas y encaminarlas a objetivos de mayor alcance y trascendencia propios de las necesidades sociales de México.

Para ello está la plataforma política que apenas nace, llamada “Por México hoy”. Una plataforma que pretende construir un espacio de debate, análisis, reflexión y discusión sobre lo que le aqueja a México y cómo combatirlo mediante soluciones concretas y específicas.

¿Cómo?

Eso se irá sabiendo en el camino, como se van dilucidando los esquemas de interacción social, no son preconcebidos, son hechos como trajes a medida de las circunstancias y adaptables a sus cambios, sin perder la esencia de su nacimiento, mientras ésta no haya cambiado como se pretende.

Para lo cual sería oportuno una última pregunta: ¿qué cambio se pretende?

Tampoco hay o debe de haber un planteamiento concreto, sino más bien una idea que nadie pueda rebatir y bajo la cual se articulen con sensatez las diversas expresiones y formas de arribar hasta ahí: un México sin desigualdades cuyo éxito sea medible por la única vía de verificación real, la legitimación ciudadana del proyecto de país que se implemente gracias a los resultados obtenidos, y el respeto de las partes integrantes (todos los mexicanos) a este proyecto.

Eso espero de “Por México hoy”.