Cartas de América

El poder de verdad

La discusión sobre las virtudes de nuestro sistema electoral englobado en uno político que normativamente parece ser adecuado a pesar de su continua violación, lleva a pensar que las regulaciones para brindar paridad de género en las cámaras y ayuntamientos del país nos está acercando a la Suecia que nos dio ejemplo, una generación antes, de las acciones afirmativas; lo cual, representa, sin duda, un avance nacional.

Sin embargo, ningún logro de ésa naturaleza cobra importancia mientras las condiciones objetivas de vida de nuestra población continúen en la miseria, y lejos de mejorar, empeoren cada día. Las medallas reformistas que desde hace décadas se cantan y aplauden por las propias clases empresariales, representan más bien el motivo de nuestra miseria.

Las transformaciones cosméticas que a nuestra nomenclatura le encanta ensalzar, son dramáticamente derrumbadas cuando llegan las cifras duras de la pobreza nacional, como las arrojadas, cual balde de agua fría, por Oxfam México, en su reciente informe: “Desigualdad extrema en México, concentración del poder económico y político” (http://goo.gl/lJTE3e).

En él, el economista Gerardo Esquivel Hernández, nos dice cómo el 10% de los acaparadores del siglo XXI, cual terratenientes porfirianos, agrupan en sus fortunas, cantidades iguales a las del 64.4% de la gente más pobre. Las maneras de situar y contrastar estos datos son diversas en el informe: “La cantidad de millonarios en México creció en 32% entre 2007 y 2012. En el resto del mundo y en ese mismo periodo, disminuyó un 0.3%.”; o, sobre la fortuna total de nuestros 16 hombres más ricos, que “en 1996 equivalían a $25,600 millones de dólares; hoy esa cifra es de $142,900 millones de dólares”.

Lo cual nos dice una vez más, que para arribar a una nación democrática no es suficiente hacer leyes y derrotar estereotipos de participación política, en Suecia, para seguir con el ejemplo de quien brindó al mundo las famosas acciones afirmativas, la concentración del ingreso del 1 por ciento más rico ronda el 8%, mientras que México, otra vez, se destaca por ser el país con una mayor concentración, teniendo a su 1 por ciento más rico, con una acumulación total de nuestra riqueza de 21%.

En el análisis se esclarece que “el número de millonarios en México creció un 32% entre 2007 y 2012; tendencia que contrasta, como el blanco y el negro, con la reducción de 0.3% a nivel mundial en ese mismo periodo”.

Datos que explican porqué la pobreza lacera tan significativamente a nuestra sociedad, pero qué explica cómo los cuatro hombres más ricos acumularon cantidades tan inmensas de dinero cuyo margen de crecimiento en el mismo periodo es igual a un tercio del representado por 20 millones de mexicanos.

Al menos estos cuatro súper ricos mexicanos guardan similitudes en sus fortunas, que explican ése gran desenvolvimiento económico: “Carlos Slim incrementó masivamente su fortuna al controlar Telmex, empresa mexicana de telefonía fija privatizada allá por 1990. Telmex fue el paso preliminar para la expansión hacia América Móvil. Germán Larrea y Alberto Bailleres tienen historias similares; entre otras cosas, son dueños de empresas mineras que explotan concesiones otorgadas por el Estado mexicano. Ambos se han visto ampliamente beneficiados por el reciente boom en el precio de los commodities. Finalmente, Ricardo Salinas Pliego, quien obtuvo el control de una cadena nacional de televisión al adquirir la televisora pública Imevisión—hoy Tv Azteca—ha sido dueño o socio de Iusacell además de ser dueño de Banco Azteca”.

Dos en las telecomunicaciones y otro par en la explotación minera, los cuatro hacen uso de concesiones públicas, y desde allí, mantienen ese fantástico fenómeno que hace un trágico contraste para la mayoría de sus compatriotas.

Contraste además medible, como lo cita el mencionado documento: “un estudio de la OCDE (OECD, 2012) concluyó que, entre 2005 y 2009, el comportamiento monopólico de las empresas de telecomunicaciones de Carlos Slim se había traducido en una pérdida de bienestar superior a los 129 mil millones de dólares para los mexicanos, aproximadamente 1.8% del PIB por año. Según dicho estudio, el pobre desarrollo de la infraestructura de telecomunicaciones en México era el resultado de dos fenómenos: a) la falta de competencia y b) la alta concentración del mercado en el marco de un sistema legal abiertamente disfuncional”.

Ello nos lleva irremediablemente a la reflexión de que independientemente de las composiciones legislativas en cuanto a género o alguna otra acción afirmativa, las leyes mexicanas están hechas y reguladas bajo el control político que la capacidad económica de estos personajes, les permite adquirir; que sin duda, es suficiente para que el resto de nosotros, veamos limitadas nuestras capacidades de incidencia pública a casi nada.