Cartas de América

El miedo no anda en burro

El caldo de cultivo para la transformación política y social de México está puesto para que pronto sea posible arribar a un cambio de régimen. Quienes dirigen el actual tienden la cama apresuradamente cometiendo torpezas de manera cotidiana, pero al final, con información a su alcance.

Saben que la gente anda muy molesta, que está informándose gracias a las redes sociales, que se han encargado de sembrar en cada escaño de la administración pública a personas ineptas en el mejor de los casos, y terriblemente cleptómanas en otros, gente que le está haciendo mucho daño al país.

No obstante, están determinados a no irse. Entienden que con dificultad ganarán los apoyos sociales para dominar al enemigo, la ruta del convencimiento como medio para granjear respaldo del pueblo está cerrada. La misma ruta para conseguir apoyo de la comunidad internacional, la han aniquilado. Nos desplazamos por una espiral de atropellos y sin sentidos que pronto harán una reacción ante la más mínima provocación que saque el enojo contenido por la barbarie en la que nos están haciendo vivir.

Y lo saben. Saben que como pasó con el #YoSoy132 en el 2012 o con las manifestaciones después de la desaparición de los 43 estudiantes en Iguala en 2014, en cualquier momento no sólo las juventudes sino gente de todos los estratos sociales, edades o profesiones, pueden tomar sus plazas públicas y no moverse hasta que sean ellos quienes se muevan. Aunque puede ser que ese momento llegue hasta el 2018.

En el marco electoral de ese año, ante la necesidad de implementar, otra vez, medios que eviten que la gente decida a su gobernante para no perder el poder, están dispuestos a coartar masivamente las libertades individuales de quienes se opongan a una nueva imposición. Ahí se encierran los motivos para legislar la ley reglamentaria al artículo 29 constitucional.

Estamos ante la peor crisis de derechos humanos; los delitos cometidos contra la mujer se elevan de manera alarmante; el peso apenas se puede sostener frente al dólar; Pemex, la empresa que por décadas sostuvo al país ha sido saqueada a tal grado que esperan ansiosos sus funerales; el petróleo es tan barato que nadie quiere venir por él, ni eso.

Y ante tal crisis, sólo consiguen guardar sus esperanzas en el respaldo del ejército, que vive momentos de empoderamiento que no tenía desde Manuel Ávila Camacho, que desde el 2006 está inconstitucionalmente combatiendo a un enemigo que los rebasa con amplitud por la debilidad del gusto por el dinero del propio régimen. Y esa ilegalidad pretende normalizarle.

Las violaciones del Estado a los derechos humanos que tiene policías que secuestran jóvenes, por ejemplo, pretenden normalizarla en su ley reglamentaria. Estamos ante una muerte selectiva y silenciosa de mexicanos en varias regiones del país y quienes viven en otros tantos lugares, lo hacen con afanes de auténticos supervivientes en medio de las balas de todos los días.

México es insostenible. Por eso ven como una medida prontamente necesaria el Estado de excepción, prohibir o “tutelar” las garantías individuales ante eventos que pongan en riesgo el orden público, hacer uso de grandes encarcelaciones, torturas, y todo tipo de medida represiva, para con el miedo, evitar que la gente salga a derrocarlos a las calles, como desde hace tiempo debió haber pasado.

Con su hermana, la Ley Atenco, está ley reglamentaria permitiría el uso de armas letales ante manifestaciones pacíficas, allanamiento de viviendas ante la mínima sospecha de participación de alguien en la organización de manifestaciones, el enfrentamiento de cuerpos policiales y militares contra la población reunida en espacios públicos. No es cosa menor lo que están anticipando.

Un magnicidio que frene al principal candidato opositor llevaría a lo planteado. Un abierto fraude electoral, también. Son muchas las que no deben, demasiadas y lo tienen claro. Sin embargo, la composición legislativa impide desde ahí, cualquier intento para evitar la aprobación de la ley. Están decididos porque no les queda otra alternativa que la represión. Y además, ya nada pueden perder.

Fuera de México la desacreditación es total, haber expulsado al Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes después de dirigirles una campaña mediática de desprestigio al estilo PRI, así como las muchas demandas que el Estado mexicano tiene pendientes en cortes internacionales, hace que lo único que les preocupe de la diplomacia sean los negocios producto de la venta de todo lo posible.

Se anticipan noches largas para el país, aún peores que las actuales. Están dispuestos a perpetuarse a costa de la sangre en las plazas públicas. Es mucho lo que se juegan y saben que ya lo perdieron, por eso el miedo no anda en burro y se va vestir de verde olivo.