Cartas de América

El lodo apenas comienza

La disputa por el poder genera mucho encono, y más si a ésta disputa le suman lo que en México implica el poder: dinero, mucho dinero que fluye por las cañerías de la corrupción.

Por eso en las campañas políticas sólo preguntan una cosa: ¿quién se va a quedar con el pastel?

Mañana se eligen a mil 365 nuevos “representantes” a distintos cargos: 12 gobernadores, 388 diputados locales y 964 presidentes municipales.

Cada cargo en disputa implica al menos dos contendientes serios para llevarse el botín, en algunos casos tres y en pocos hasta cuatro.

Los candidatos antes de serlo, debieron ser pre candidatos, o al menos, aspirantes. Para ello tuvieron que hacer uso de sus mejores recursos políticos: amigos en la dirección del partido, cuates en el gobierno, el compadre diputado o el socio del hermano del secretario de tal ramo.

Pero antes, antes de esos días de “definiciones”, ya eran políticos, ya habían sido “algo”, aunque se los hubieran regalado o se lo hubieran ganado porque desde chiquillos entendieron los modos del poder y cargaron cuanta maleta hubo que llevar y traer.

Desde antes han invertido tiempo, dinero, relaciones. Han perdido o han ganado por elección o circunstancia a su familia, amistades, negocios y fama.

Fama, que no es otra cosa sino la consumación pública de quien has sido.

Cierto o falso, a veces hasta se queda corta, otras tantas exagera, pero es la fama la que te fortalece o vulnera si te atreves a entrar en la escena pública mexicana en la búsqueda de un cargo contra un contrincante similar en condiciones y ambiciones.

Mientras no hay disputa, la fama, en caso de ser negativa se torna positiva.

De acuerdo a los anhelos de corrupción en México, quien más contratos compra, quien mejor se lleva con el delegado de tal secretaría o mejores borracheras puede pagar, o quien tiene las mejores propiedades dentro y fuera del estado o del país, es el más certero y valiosamente envidiado dentro de nuestro corrupto esquema.

A la fama, si se le agregan otros elementos, además de los “comunes”, como tráfico de influencias, cohecho, malversación de fondos, fraude, abuso de autoridad, negligencia, daño del patrimonio público, enriquecimiento inexplicable (o claramente entendido), tampoco le pasa nada.

El político en México puede tener acusaciones más serias o al menos mas dolorosas para el tejido social, como tratante de blancas o pederastia, y tampoco pasa nada.

Puede seguir caminando sin ningún procedimiento judicial abierto o alguna investigación en marcha. Eso no hace falta ni para “limpiar” su imagen, ya que a ésta, ni esas acusaciones la manchan.

Claro, a menos que entre al “calor de la cocina”, porque entonces sí saldrán todos sus trapitos al sol.

Nadie habla sobre la trayectoria política del candidato o sus resultados positivos en el cargo o cargos anteriores, menos aún de las propuestas de campaña en caso de ganar; ya que dichos resultados son inexistentes y las propuestas son mentiras para obtener el voto. Así se sabe por todos, por eso no importa nada de lo importante.

Lamentablemente eso no va a variar por algún tiempo. El ataque al contrincante con verdades o calumnias a medias existe como forma generalizada para acabar con el otro gracias a que la clase política no está contaminada, sino que es la contaminación social en su máxima expresión.

Sus vínculos con el crimen organizado han sido sustituidos por engendrar ellos mismos al crimen organizado, no sólo el que sucede al amparo del poder, sino aquel que se comete desde la delincuencia directa.

En Tamaulipas los contrincantes son los cárteles del narcotráfico quienes tienen en cada candidato con posibilidades a su delfín; en Veracruz se repite el esquema con la gravedad de las acusaciones sin investigar de enriquecimientos ilícitos y pedofilia, lo que hará que gane el único fuera del juego, el que no ha sido político (como un caso excepcional).

Y así podemos repasar cada lugar en donde la pugna es real. De uno y otro lado se las juegan igual o similar, porque en ambos lados son iguales pero se molestan cuando alguno es más igual que el otro y lo será aún más si se lleva la plaza.

Así serán las elecciones del 2017 (tres de gobernador); y peor aún, las del 2018, en donde la pugna será mayúscula, la disputa será en 19 estados por más de 3 mil cargos: más de un millar de presidencias municipales y diputaciones locales, 500 diputados federales y los 128 senadores, además de 9 gubernaturas y la Presidencia de la República. Ahí sí, veremos lodo. Quizás, por última ocasión.