Cartas de América

La herramienta programática, no prágmatica

Así como el fusil al soldado o el pincel al pintor, las líneas básicas de acción política constituyen las herramientas básicas de trabajo para un político, principalmente para aquel que busca un cargo de representación, y si lo obtiene, serán estas las líneas de conducción durante el ejercicio de su cargo

Así como el fusil al soldado o el pincel al pintor, las líneas básicas de acción política constituyen las herramientas básicas de trabajo para un político, principalmente para aquel que busca un cargo de representación, y si lo obtiene, serán estas las líneas de conducción durante el ejercicio de su cargo, sea este de gobierno o legislativo. Claro, lo anterior sólo sucede si el político del que hablamos, busca ser un artista del pincel con autenticidad y amor al arte y no cualquier falsificador a sueldo.
En consecuencia, bajo la primera premisa, es indispensable que quien desea ser un artista de la política, encuentre los principios ideológicos que le den orientación, para así, encontrar esas líneas básicas que le sirvan de estandarte para el convencimiento de su sociedad y, en caso de conseguirlo, su puesta en práctica.
Ésa es la función principal del debate de las ideas, identificar mediante la discusión los postulados coyunturales que busquen cambiar el estado actual de las cosas. Por eso el Partido de la Revolución Democrática (PRD) se reúne estos días 21, 22, 23 y 24 de noviembre en Oaxtepec, Morelos.
En este encuentro trataremos de encontrar, entre otras discusiones como las de la mesa de estatuto, principios o línea política, cuál es el programa de acción que nuestros políticos, candidatos, gobernantes de cualquier nivel, legisladores o militantes en general, deberán de defender y postular ante la contra parte conservadora y neoliberal que impulsa la derecha priista y panista.
El documento base para arrancar nuestra discusión identifica quince pinceladas generales, que son: 1. La reforma del Estado para el fortalecimiento de la democracia, atención de la desigualdad y del crecimiento sustentable. 2. Fortalecimiento del combate a la corrupción, rendición de cuentas y transparencia; 3. Seguridad pública para todos y todas y verdadera seguridad del Estado mexicano. 4.    Democratizar los medios de comunicación. 5.    Desarrollo sustentable y cambio climático. 6. Construir una economía generadora con empleos dignos y distributivos del ingreso. 7. Una nueva política para el campo. 8. Combate a los monopolios y defensa de los intereses de los consumidores. 9. Reforma energética integral, una nueva política energética soberana. 10. Desarrollo social basado en el combate a la pobreza y la desigualdad; y universalización de la atención de la salud y de las pensiones. 11. La educación como pilar del desarrollo nacional. 12.    Indígenas y pueblos indios. 13. Jóvenes, actores estratégicos del cambio. 14. Ampliar los derechos sexuales y reproductivos de la mujer. 15. México en el contexto de la geopolítica mundial, una política exterior soberana.
Como verán, hay ahí algunos trazos elementales y que coyunturalmente representan banderas de lucha que no debemos de dejar de lado, al contrario, debemos propagar y convencer día a día con ellos, como lo son: la reforma del Estado, la seguridad pública, la reforma energética, la educación, política de juventudes; y la política exterior mexicana.
Indiscutiblemente México está urgido de una reforma profunda al insuficiente Estado presidencialista diseñado para el PRI todo poderoso de otras épocas, que aunque esté de vuelta, no tiene todo el poder ni todo el control. Parafraseando a Giovanni Sartori, ésa es la ingeniería constitucional básica que permite que todo el engranaje funcione, de lo contrario, se traba y para a todas las maquinas. Como ahora.
Atendiendo lo anterior, será posible darle al Estado la fortaleza debida para arrancar de raíz el control meta legal que tiene la delincuencia sobre muchas de nuestras comunidades y la intervención que la corrupción permite en las estructuras más elevadas de nuestra clase política.
De tal forma que el desarrollo correcto del Estado mexicano permita evitar ambiciones vende patrias para entregar nuestra riqueza natural; o, entender la importancia de la educación de calidad en la construcción de una sociedad más justa que no relegue a nuestras juventudes de una realización personal y colectiva; llevando a México a ocupar un lugar relevante basado en su fortaleza y claridad interna, dentro del lienzo global.
Si actuamos con responsabilidad y sabemos que con independencia de quien o quienes ostenten la conducción formal del partido, si  quienes lo hacen tienen claridad y compromiso con los principios rectores antes citados, será posible contribuir desde la izquierda a la creación de una gran obra mexicana.