Cartas de América

Un frente en Sudamérica

Recobrar el control sobre una de las principales reservas petroleras del mundo como la venezolana, garantiza a Estados Unidos la seguridad energética de su demandante economía, junto con el ya conseguido petróleo mexicano, de haber podido obtener el control del venezolano, podía estar tranquilo por un buen tiempo.

Después del apabullante triunfo de los Estados Unidos en la búsqueda estratégica por obtener los recursos petroleros del Golfo de México (sin soltar una sola bala, como diría Alfredo Jalife), se pudo pensar desde Washington que la extensión de su dominio al sur podía ampliarse y rebasar el canal de Panamá.
Recobrar el control sobre una de las principales reservas petroleras del mundo como la venezolana, garantiza la seguridad energética de su muy demandante economía. Junto con el ya conseguido petróleo mexicano, de haber podido obtener el control del venezolano, Estados Unidos podía estar tranquilo por un buen tiempo a pesar de los vaivenes en el Medio Oriente y la estridente relación con Rusia.
Pero por fortuna para el conjunto de los pueblos sudamericanos, incluidos los gobernados por la derecha, esta vez, el intento golpista instrumentado por los Yanquis cayó en el ridículo: 29 de 32 naciones integrantes de la Organización de Estados Americanos (OEA) votaron en contra del resolutivo impulsado por la representación de Barack Obama en el organismo.
La soledad de su gobierno en la OEA, organización ideada en su misma oficina hace 60 años, quedó expuesta al quedar aislado junto con Canadá y Panamá, contra el resto de los países que forman parte.
La unidad del resto de los países al sur del Canal de Panamá en defensa de Venezuela está permitiendo la resistencia de Nicolás Maduro. Que ante la embestida mediática, que suma a su lucha a la Unión Europea, que pretende poner en orden a un gobierno que no se deja tumbar como sucedió en Honduras o en un sin número de gobiernos latinos el siglo pasado.
Con el paso de los días la oposición venezolana se debilita y pierde sentido de acción, incluso con su clase, que no encuentra lógica en seguir imponiendo el caos a costa de la tranquilidad en las calles en las que viven sin ningún resultado.
Habiendo pasado los días más complejos, los sucesores de Hugo Chávez tienen la encomiendo de restablecer por completo el dañado tejido social, principalmente en provincias como Táchira y Mérida. Mientras existan fuerzas militares ajenas al Estado venezolano y peor aún, que éstas no sean siquiera venezolanas, como lo son las fuerzas paramilitares colombianas asentadas en Táchira, el Estado de Derecho está en juego.
Es prioritario que antes, Maduro y sus más cercanos funcionarios visualicen el rumbo y la unidad casi monolítica que deben tener para impedir la fractura de su gobierno. Ya que los intentos por derrocarlos no terminarán con éste que concluye.
Mientras Venezuela posea la tercera reserva petrolera del mundo habrá que cuidar cada paso antes de dar un resbalón. Y eso pasa por repensar si necesariamente el Estado imaginado por Hugo Chávez es el mismo que Nicolás Maduro puedo continuar.
Es prudente que ante el cambio de líder se piense también en un acomodo de liderazgo y por consiguiente, en una nueva forma de su ejercicio, tal vez uno no tan concentrado y más transversal, que generará cambios menos acelerados, pero sin duda, con solides.
Ésa desconcentración del poder permitiría además de ayudar a Maduro a oxigenar su figura ante su pueblo y ante el mundo, aliviar tensiones entre los miembros más representativos del bloque, como Dios dado Cabello.
Después, pueden continuar planteando la estrategia, junto con Rafael Correa, Evo Morales, Cristina Fernández, Dilma Russeff, Salvador Sánchez Cerén y la recién reincorporada, Michell Bachelet.
De tal forma que el cambio de época que vive la humanidad, en donde los reacomodos económicos y hasta geográficos como en Crimea, seguirán siendo pan de cada día, permitan a Sudamérica dejar atrás la centenaria marginación que con una bota en el cuello los Estados Unidos han impuesto.
Bota, ésta, que comienza a verse muy ligera y maltrecha, y más si se observa que ahora hay otros países que también buscan en sus regiones dominar e imponer realidades que hacen que nuestro verdugo tenga que atender dos frentes además del nuestro: China y Rusia.
Así, la OEA puede ser formalmente arrebatada por la ola izquierdista de América del sur, mientras la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) consigue consolidarse y cubrir el papel integrador que Chávez visionó en ella.
Y sí ello sucede, tal vez en un futuro cercano México tenga un gobierno que también se incluya en este renacimiento, y en lugar de perder aún más autonomía, la retome imitando a los gobiernos del sur. A los gobiernos de Sudamérica, la nueva unión de naciones con futuro mundial.