Cartas de América

La enfermedad de pensar diferente

Leyes como la mexicana en telecomunicaciones permitirán al gobierno nacional solicitar a las empresas de telefonía e internet datos e información sobre sus clientes para la identificación de palabras clave que pueden “contaminar” las mentes.

Ante las nuevas formas de “contagio” de la “enfermedad del diferente pensar”, el ejército de Estados Unidos, desde 2008, emplea a las universidades de su país para analizar y en consecuencia, anular, los riesgos que los movimientos sociales representan para la estabilidad política, social y sobre todo, económica de su nación.

Buscan, mediante el Proyecto Minerva (http://minerva.dtic.mil/funded.html) del Departamento de Defensa de ese país, incentivar la investigación académica que permita la identificación de los actores subversivos que ponen en riesgo a Estados Unidos, incluidos, los propios ciudadanos estadounidenses.

Neutralizar o erradicar los movimientos sociales es la finalidad de una partida millonaria que sale directamente desde el Pentágono hasta las arcas de las aulas de aquellas universidades que se presten a servir de analistas militares en contra de las sociedades de las que forman parte. Las universidades de Columbia, en Nueva York; UT Austin y Texas ATM en Texas; la universidad de Denver; o la de Washington con el proyecto que así se describe: “Este proyecto trata de descubrir las condiciones en las que los movimientos políticos encaminados a cambios políticos y económicos a gran escala se originan y cuáles son sus características y consecuencias. La atención se centra en los movimientos a gran escala, con la participación de más de mil participantes en la actividad duradera. Se basa en las investigaciones existentes en 23 países; el proyecto Minerva ampliaría la base de datos de 58 países, los movimientos de mapeo a través del tiempo y el espacio a través de 216 variables”. Son ahora parte de las variables militares contra la población clasificada como peligrosa que se mueve en la internet.

Las manifestaciones de repudio al sistema imperante de Washington en el mundo, serán atendidas por una política militar que prevenga de “twitteros” o “facebookeros” a las élites económicas, diseñada nada menos que desde las universidades que tienen como alma, a los mismos jóvenes disidentes.

Como menciona Gilberto López y Rivas (http://www.jornada.unam.mx/2014/07/04/opinion/023a2pol), habría que revisar el papel ético de éstas instituciones que se prestan a proyectos bélicos en contra de la población global, pero también en ataque frontal a su propio pueblo.

Citado por el mismo articulista, Glen Ford, editor ejecutivo del “Black American Report”, nos dice (http://www.blackagendareport.com/): “los militares de Estados Unidos se ven a sí mismos como enfrascados en una guerra total contra el planeta entero: todos sus pueblos, sus movimientos y dinámicas sociales son territorio enemigo, incluido el pueblo de Estados Unidos. Cuando los gobernantes estadunidenses sostienen que defienden los intereses de seguridad nacional de Estados Unidos de sus enemigos potenciales, lo que realmente están defendiendo es el orden capitalista de cualquier movimiento que pudiera oponérsele en cualquier lugar de la Tierra. Quieren poner todo el planeta bajo llave, y han reclutado a las universidades estadunidenses en su proyecto mundial fascista”.

Todo este andamiaje será comparsa de leyes como la mexicana en telecomunicaciones, que permitirán al gobierno nacional solicitar a las empresas que brinden servicios de telefonía e internet, datos e información sobre sus clientes para la identificación de palabras clave que pueden “contaminar” las mentes y crear fenómenos sociales que atenten a la estabilidad imperante.

Es así como las redes sociales están obligando a los entes represores a buscar nuevas y más sofisticadas formas de restringir las libertades en el mundo. Y lo más preocupante es que para ello, tienen como aliados a los propios reprimidos mediante las investigaciones sociales de las que son parte por el hecho de estudiar en una universidad con finalidades lucrativas y no sociales.

La gran beta de las comunicaciones por internet que el propio ejército de Estados Unidos generó indirectamente al crear internet, buscará ser sometida para evitar nuevas “primaveras árabes”.

Esa beta de rebeldía que las redes sociales viraliza entre las juventudes cada vez más nutridas en los países pobres, sólo podrá continuar mediante el ingenio y la disposición de los dueños de las redes en los hechos: los propios jóvenes en busca de oportunidades que el sistema no brinda.

El contagio continuará a pesar de que los creadores de la enfermedad encuentren la vacuna, ya que podemos ser inmunes a ella, sí así lo queremos.

@Luentes

luentes@gmail.com