Cartas de América

AMLO a contrapelo

Como sociedades hemos formado y deformado el uso de la política para crear a una casta representada, casi por igual, por supuestas izquierdas y por derechas más reaccionarias que centristas, alejadas totalmente de la población a la que dicen conducir.

Es tal el alejamiento y la falta de vasos comunicantes entre el famoso establishment y los gobernados, que utilizan el término populista (basarse en el sentir popular) como algo peligroso e irresponsable. Mientras, los pocos hilos que existen entre ambos tipos de personas (gobernantes y gobernados) se van anulando.

Las organizaciones de la sociedad civil son absorbidas por las estructuras de poder o desaparecen en el intento de mantener autonomía frente a ellas; los medios alternativos de comunicación son estrangulados por las oficinas de comunicación social o perseguidos en el ejercicio de su profesión; el enojo manifestado en las redes sociales es ensordecido por ejércitos de bots o simplemente ignorado; y así, tenemos a un conjunto social imposibilitado para poder hablar y harto de escuchar lo mismo de los mismos.

Y, ante ellos, se han presentado con gran elocuencia y facilidad de comunicación personajes ventajosos que aprovechan el resultado de la crítica sustentada y responsable de los opositores de la izquierda, para imponer una campaña correctamente diseñada que articula esa comunicación faltante.

Uniendo al enojo popular y la elocuencia verbal del demagogo, han llegado al poder personajes ignorantes y peligrosos, como Silvio Berlusconi en Italia, Vicente Fox en México, Nicolás Sarcozy en Francia, Mauricio Macri en Argentina o el mismo Cuauhtémoc Blanco, en la ciudad de Cuernavaca.

Pero la descomposición democrática de occidente tenía que tocar a los Estados Unidos para poder valorar el problema estructural de nuestras naciones, fundamentalmente en Europa y en América (en la mayor parte de África la democracia, aún elemental, está muy lejos).

Ya que los resultados atípicos que amenazan con ser comunes, no comenzaron con el Brexit, llevamos años presenciándolos y no van a concluir con Donald Trump en los Estados Unidos.

Ante el hartazgo mencionado por las obvias razones que a diario aporta la clase política en su demérito, la ciudadanía ha salido a votar por las alternativas que saquen a los de siempre sin ponderar la dimensión del riesgo al votar por alguien, que es, aún más farsante.

En resumen, están sacando a los malos para meter a los peores.

Y el error no es de quién se abstiene o va y los vota, sino de la falta de alternativas no demagógicas. Si Bernie Sanders, por ejemplo, hubiera estado en la boleta, habría representado una opción sensata de un gobierno fuera del famoso establishment. Algo que esperemos que suceda en el 2020 con él o con Elizabeth Warren.

Francia enfrenta un problema mayor, está en ruta de elegir a una reaccionaria convencida de las virtudes del racismo, que además tiene claro cómo llevar a cabo una política xenófoba que termine por quebrar la legendaria plurisociedad francesa.

Ante el ascenso global de tan riesgosos personajes, contrariamente a nuestra triste tradición, México tiene la oportunidad de marcar sana distancia de ellos, mediante una política interior fuerte que defienda el interés nacional frente a las amenazas globales.

Por ello alternativas como las del gobernador de Nuevo León nacieron muertas, como ahora sucede con Donald Trump. Ellos no presentan un modelo real para cumplir sus promesas de campaña, simplemente las hicieron al calor de una contienda que ganaron mintiendo.

Pero a diferencia de aquéllos lugares donde los ventajosos han llenado los vacíos de la izquierda o las derechas han avanzado para derrotarlas, los mexicanos contamos con una alternativa sensata, culta, preparada y de izquierda que ha venido abriendo brecha para no dar oportunidad a un ventajoso mexicano como "El Bronco", que finja derrotar al establishment.

Sí, se trata de Andrés Manuel López Obrador, quien desde el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) ha conseguido colocar su mensaje con claridad entre los mexicanos para delinear las diferencias entre quienes proponen más de lo mismo bajo fachadas apenas modificadas y alguien que ofrece el cambio verdadero.

Por ello México llegará al 2018, para el que faltan apenas unos meses que rápidamente transcurrirán, con la gran oportunidad de salir de su propia realidad haciendo frente a la inercia global.

Es decir, a partir de esa fecha podremos comenzar a construir al país, a contrapelo, dando un ejemplo a occidente.