Cartas de América

La Universidad Latinoamericana y del Caribe

Bajo circunstancias complicadas es que nuestros próceres han tenido que combatir por el sueño Latinoamericano, sin embargo, recientemente dicha batalla comenzó a ganarse de la forma más limpia a que se pueda aspirar: democráticamente.

El sentimiento latinoamericanista está arraigado entre quienes habitamos las tierras abajo del Río Bravo hasta la Patagonia, a pesar de aquellos que guardan en su ser contradictorios gustos eurocéntricos o pro yanquis. Por ello Martí idealizó sobre el “Latinoamericanismo” y lo definió como una tendencia del pensamiento hace un par de siglos; antes, Bolívar había independizado tierras americanas en búsqueda de una Patria Grande; y desde entonces, muchos personajes han pasado a ser símbolos continentales en nombre de luchas por la libertad de nuestros pueblos.

Bajo circunstancias sumamente complicadas y llenas de obstáculos es que nuestros próceres han tenido que combatir por el sueño Latinoamericano, sin embargo, recientemente dicha batalla comenzó a ganarse de la forma más pura y limpia a que se pueda aspirar en este siglo: democráticamente.

Si recorremos de sur a norte y pasamos por Argentina, Chile, Uruguay, Brasil, Bolivia, Ecuador, Venezuela, Nicaragua y El Salvador, vemos a naciones gobernadas por líderes y lideresas emanados de procesos electivos gracias al hartazgo de sus pueblos y su necesidad de encontrar opciones diferentes a aquellas que los han saqueado por siempre.

Gobernantes como Lula, Chávez, Correa y un etcétera cada vez más largo, están reescribiendo la historia de nuestra América Latina, y lejos de subjetividades o afinidades ideológicas, hoy hay más de 50 millones de pobres menos en nuestras tierras, respecto a hace tan solo diez años. Así de simple.

Los avances son significativos, la creación de organismos de integración como la Celac, Unasur, ALBA o Mercosur, están construyendo nuevas formas de entender la política, la diplomacia y el comercio. Los índices de aprobación de los gobiernos surgidos de nuestras izquierdas tienen amplios márgenes de aceptación, y entre ellos, hay una verdadera camaradería que los lleva a empujar juntos grandes proyectos para beneficio de todos y de todas.

Tales avances llevan necesariamente a pensar en los retos por venir, que algunos, son retos presentes o incluso que venimos arrastrando desde siempre, pero que con esta nueva configuración política, pueden comenzarse a resarcir. Y tienen que enfrentarse como lo han hecho con otros, con una articulación entre naciones progresistas de nuestra América.

El aspecto más relevante de esta agenda, es y tiene que ser, la educación. El conocimiento es el primer formador de libertades, con él, cualquier persona es capaz de vencer las barreras o fronteras que le sean impuestas. Gracias al conocimiento podremos hablar verdaderamente de la libertad de quienes aquí vivimos.

Y para ello tenemos que reflexionar en la nueva forma de sembrar las ideas en la mente de aquellos que darán continuidad a los procesos transformadores de ahora, dentro de una o dos generaciones. Pensar en quienes nos defenderán ante las cortes internacionales bajo un espíritu latinoamericanista, imaginar a los y las diplomáticas que representarán y defenderán nuestros intereses ante mandatarios ajenos, formar a los economistas que cambiarán la matriz económica o le darán continuidad al fortalecimiento de las monedas nacionales, o que, implementarán la moneda común de nuestros pueblos.

Tenemos que forjar a los forjadores del conocimiento para la creación de riqueza en el campo, en la aviación, en las comunicaciones o en la medicina. Que además de estar capacitados para realizar diligentemente sus labores, estén comprometidos con sus pueblos para trabajar por ellos en su desarrollo y no para corporativos que los saquean.

Y eso será posible si nuestros mandatarios progresistas, locales, regionales y nacionales, se comprometen con el proyecto más ambicioso y fructífero que se haya imaginado, el de dotar a América Latina y el Caribe, de los mejores hombres y mujeres para inscribir al Latinoamericanismo en los genes de todo aquel que nazca al sur de América.

La Universidad Latinoamericana y del Caribe, impulsada desde la Conferencia Permanente de Partidos Políticos de América Latina y el Caribe (Copppal), la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y varios líderes y gobernantes progresistas de América, como el de la Ciudad de México, representará el eje articulador y principal semillero de la filosofía por la que Bolívar luchó y la que Martí soñó; así como el elemento real y tangible que nuestros gobiernos vanguardistas le hereden a las generaciones que darán continuidad a sus esfuerzos, que escribirán la historia que ellos están marcando y marcarán la propia, hasta implantar condiciones de igualdad y bienestar duradero y universal en los habitantes que conforman la Patria Grande.

Twitter: @Luentes

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