Cartas de América

De Sommerfeld a Heckler & Koch

Las guerras mexicanas, infortunadamente, siempre han tenido una constante provisión de armas extranjeras que les han permitido el oxígeno suficiente. Nuestra independencia fue de las más tardadas del continente, casi 15 años sin considerar los intentos de Primo de Verdad; la Guerra de Reforma que se conjugó con la invasión francesa, fueron casi una década de lucha; pero nuestra Revolución Mexicana, que oficialmente comenzó en 1910, tardó más de dos décadas en concluir.

Si no fuera por la facilidad de los suministros bélicos de los Estados Unidos, principalmente, y de otras naciones del “primer mundo”, nuestras batallas hubieran perdido ritmo mucho antes de causar los grandes estragos de muerte y desorden que nos han desbordado.

En la Revolución Mexicana participó, muy activamente, un alemán llamado Félix Sommerfeld, un hábil y acomodaticio extranjero que supo hacerse de las confianzas de Madero, primero, y a su caída, del propio Carranza, para finalmente ser el proveedor de armas y relaciones internacionales que le dieran financiamiento al Centauro del Norte, Pancho Villa. (http://codex.colmex.mx:8991/exlibris/aleph/a18_1/apache_media/5Y3RLY1NU17C7NIA7MPBQPJFME622V.pdf).

De no ser por las habilidades diplomáticas de éste alemán que desde los Estados Unidos actuaba a favor de nuestros caudillos, muchas miles de armas y sus municiones no hubieran cruzado nuestras fronteras.

Sommerfeld consiguió, además, un doble acuerdo: sus compatriotas habían entrado a la Gran Guerra, parte de sus enemigos, eran los ingleses y franceses, mientras los estadounidenses observaban de cerca el conflicto y analizaban la pertinencia de participar, muy probablemente en el bando contrario a los alemanes.

Por ello, a los alemanes les interesó México, ése dichoso país geográficamente colocado que perfectamente ha servido para ser invadido, falsamente gobernado y en este caso, artificialmente dotado de armas, en función de hacer perder a nuestros incómodos vecinos.

El ahora doble agente alemán, al servicio de su país y al tiempo, al de su jefe inicial, Villa, integró y articuló una red de espionaje y un elevado suministro a las fuerzas villistas con la intención de que éstas, continuaran desestabilizando al país, para con ello, provocar una necesaria invasión de los Estados Unidos que llevara a una nueva guerra (http://www.historicas.unam.mx/moderna/ehmc/ehmc12/155.html); o, en su caso, que México ambicionara recuperar los territorios perdidos, como lo propuso el famoso telegrama diplomático de Arthur Zimmermann (http://www.archives.gov/education/lessons/zimmermann/).

Dicho documento planteaba a Carranza el apoyo de Alemania en dinero y armas para recuperar lo territorios perdidos de Texas, Nuevo México y Arizona, pero los ingleses y su inteligencia lo interceptaron y descifraron, gracias a lo cual, el presidente Wilson decidió entrar en guerra con Alemania, y como en la guerra posterior, ser el fiel de la balanza.

Sin embargo, mientras el plan alemán tuvo vigencia, muchos dólares fueron enviados en armas y municiones a México durante la Revolución y la Gran Guerra, con las finalidades mencionadas.

Sin ellas, con seguridad, la Revolución Mexicana hubiera arrojado menos muertos y muy probablemente, menos años de luchas intestinas.

Hoy, se sabe por medio alemanes (http://internacional.elpais.com/internacional/2015/05/08/actualidad/1431095120_392398.html), que una empresa suya, llamada Heckler & Koch, abasteció con 9 mil 472 armas a los jefes de seguridad pública de los estados de Guerrero, Chihuahua, Jalisco y Chiapas.

Dichas armas, o al menos el mismo tipo de las que en esa empresa se fabrican, de nombre G-36, han sido consignadas a carteles mexicanos, incluso, hay indicios de que algunas de ellas, hayan tenido participación en la matanza de Iguala.

En Alemania el asunto es menor, se reduce a una multa por tres millones de euros para la Heckler & Koch por faltar a las leyes sobre exportación de armas a países en conflicto, como México.

Pero aquí, el tema debiese tomarse con la gravedad de que para que haya un solo muerto por bala, hacen falta un arma y la bala que lo mata. Y ésas balas y armas, están llegando tanto de los Estados Unidos, como de Alemania, entre otros países.

El lanzamisiles que desplomó al helicóptero militar en Jalisco, llegó gracias a cargamentos ilegales de armas procedentes de éstos países. El equipo con el que están matando tanto a habitantes inocentes como a jóvenes sin oportunidades que ingresan al ejército, llega así a nuestro país.

Y mientras ello sucede, desde Sommerfeld hasta Heckler & Koch, son otras las naciones que nos hunden en nuestros ya mortíferos destinos, con la diferencia de que esta vez, lo sabemos en tiempo real públicamente. Y nadie en México, hace nada.