Cartas de América

El Salvador, de nuevo con el FMLN

Sin duda, los siguientes cinco años en El Salvador tendrán que ser muy diferentes a los últimos cinco y diametralmente distantes de los últimos 25. La población de El Salvador tendrá que apreciar y gozar en carne propia lo que significa un gobierno con amplia vocación democrática, pero sobre todo, un profundo anhelo de reivindicación social y popular.


Salvador Sánchez Cerén ayer era un guerrillero que en 1991 fue parte firmantes de los acuerdos de paz en el Castillo de Chapultepec, años después, en 2009, acompañó a Mauricio Funes como candidato a vicepresidente cuando el periodista se convirtió en Presidente de El Salvador. Desde entonces han pasado cinco años en donde el antes grupo guerrillero Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) llegó al poder derrotando al tradicional partido de derecha, Alianza de Republicana Nacionalista (ARENA).
En aquel tiempo Antonio Saca dejaba el poder tras no conseguir la continuidad de su partido, y en el camino hasta ahora, creó con viejos compañeros su propio partido para presentarse en busca de repetir en la presidencia en esta elección transcurrida el 2 de febrero pasado, ayudó separándose de ARENA al restarle a su vieja fuerza parte del 11.44% que obtuvo, porcentaje con el que ahora Norman Quijano busca alcanzar y ganarle al Vicepresidente Sánchez Cerén, quien consiguió 48.03% de los votos, apenas un punto menos del necesario para evitar la segunda vuelta de este 9 de marzo contra Quijano, quien sacó apenas 10 puntos menos: 38.95%.
Buena parte de la población se abstuvo de votar, más de la mitad. Sin duda ARENA, la opción de siempre, no cumplía con los anhelos de la gente,ya que gobernó El Salvador desde 1989 y llevó a sus habitantes a grandes crisis económicas que les quitaron el uso de una moneda propia, grandes violaciones a la soberanía de su territorio, elevados índices de pobreza y por último, una violencia sólo comparable con la Honduras de hoy en día.
Entre ésa derecha de siempre y las tibiezas de Mauricio Funes, periodista  impulsado por el FMLN, muchos decidieron abstenerse antes de brindar un segundo voto de confianza para el frente, cuyos dirigentes tradicionales tampoco estaban satisfechos con la primera gestión presidencial de su historia. Sin embargo, la mitad de la otra mitad, otorgó a un auténtico ex guerrillero y luchador social como Salvador Sánchez Cerén, la oportunidad de continuar cinco años más al frente(ahora sin pre prefijo, “vice”) de El Salvador.
De conseguir entre la otra mitad o dentro del 11% de Antonio Saca, o de donde sea un punto porcentual, el FMLN renovará como el partido en el poder, que con esta reelección, lo convierte en hegemónico.
Muchas son las expectativas planteadas en Sánchez Cerén, un tipo duro, marcado por la guerra de los años 80´s que llevó a más de 70 mil personas a la tumba, y que desde 1991 imaginaron una nueva forma de lucha, ahora en las urnas. Pero la batalla no ha sido sencilla, ésa derecha que gobernó durante 20 años, contó y cuenta, con el apoyo mediático de la región para calumniar o llenar de miedo a la gente respecto a lo que podía esperar de un guerrillero.
Los grandes avances sociales del frente en municipios como la Nueva Cuzcatlán o Panchimalco, avances que yo mismo pude constatar hace unos meses, son llevados al olvido por el imperio de los medios de comunicación y sólo se puede esperar el gran tambor del miedo para aspirar dominar en el escenario electoral del que han sido ampliamente rebasados, gracias la gran estructura política que sustenta al frente y a la firme convicción formativa que tienen sus miembros en todos los niveles.
Ello hará que en mayo la derecha se quede a una mayor distancia, que no pueda remontar los 10 puntos que ahora los separan de uno de los pocos partidos políticos de izquierda con plena convicción y además en el poder, del continente. Que Sánchez Cerén se convierta en el tercer ex guerrillero en acceder al poder después de José Mújica en Uruguay y de DilmaRousfef en Brasil.
Sin duda, los siguientes cinco años en El Salvador tendrán que ser muy diferentes a los últimos cinco y diametralmente distantes de los últimos 25. La población de El Salvador tendrá que apreciar y gozar en carne propia lo que significa un gobierno con amplia vocación democrática, pero sobre todo, un profundo anhelo de reivindicación social y popular, que es un objetivo tan arraigado entre sus ahora líderes políticos y antes comandantes militares, que hace más de treinta años decidieron emprender las armas y luchar por su pueblo.

Pueblo que finalmente les está dando la oportunidad de encabezar el gobierno de justicia social que este 1 de noviembre tendrán la responsabilidad de encabezar.

Esperemos que la embestida derechista de los Estados Unidos en Centro América, no impida de último momento el avance democrático y social de El Salvador.