Cartas de América

La Salida

Inútilmente y a costa de un gran desgaste político y económico los siempre interesados en los recursos naturales ajenos tratan de impedir el avance social de América Latina hacia la integración regional. En el camino, como siempre, no les importa llevarse entre las patas a todo un pueblo.

Inútilmente y a costa de un gran desgaste político y económico los siempre interesados en los recursos naturales ajenos tratan de impedir el avance social de América Latina hacia la integración regional. En el camino, como siempre, no les importa llevarse entre las patas a todo un pueblo, en este caso, al venezolano.

La inutilidad de sus acciones se ve reflejada día con día, no han podido derrocar al gobierno electo en las urnas de Maduro; a pesar de los 28 muertos y 365 heridos; sin contar con la permanente campaña de desprestigio en medios masivos y redes sociales, tendrán que esperar al revocatorio dentro de dos años para poder intentar, legalmente, sacarlo del poder.

Mientras, Estados Unidos siembra y echa pólvora por todos lados, en todo el mundo, fiel a su costumbre. En América ínsita un golpe de Estado a un gobierno incómodo, aunque democrático; y en Ucrania, trata de impedir que Rusia consiga correr al oriente sus fronteras con Europa haciéndose de Crimea, una península Ucraniana poblada por rusos que hablan ruso y están decidiendo ser formalmente rusos. Tan mal deben de estar las cosas en Ucrania, que prefieren estar sometidos a un tirano como Putin.

Las tropas de ambas naciones (EU y Rusia), haciendo renacer las tonalidades de la Guerra Fría, se mueven para encontrarse, sin que pueda hasta ahora, mediar diálogo.

Anticipar cualquier arreglo sería aventurado, y lo contrario, muy fatalista. Un enfrentamiento entre ésas naciones sin duda tendría implicaciones más serias que Crimea. Detonaría un conjunto de enfrentamientos de los cuales el pronóstico es reservado, pero sin duda, negativo para todos como humanidad.

Mientras, volviendo a América, dos naciones tienen acontecimientos que neutralizan los ataques a la soberanía y autodeterminación de Venezuela.

El Salvador, por un margen pequeño pero que representa a la mitad más uno de los salvadoreños que acudieron a las urnas, eligió a un permanente combatiente del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) como presidente, se trata del profesor Salvador Sánchez Cerén. La derecha, en tanto, quedó sumida en la derrota después del conteo voto por voto que pidió, que la izquierda del FMLN avaló, y que sólo reforzó la ventaja izquierdista.

Mucho más al sur, el pasado martes un acto lleno de simbolismo hizo que Michell Bachelet se convirtiera por segunda vez en presidenta de Chile, recibió la banda presidencial nada menos que de Isabel Allende, hija menor del también democráticamente electo presidente chileno Salvador Allende, derrocado en 1973. Tal cual intentan ahora con Maduro.

El giro de estos acontecimientos es importante, marcarán un cambio de rumbo en las relaciones de ambos países.

El primero permitirá una relación más clara entre las naciones e izquierdas centroamericanas hacia la integración, dará un respiro en esa región infestada de oligarquías decimonónicas que dependen cada vez más de que en el norte les inyecten recursos para poder subsistir.

Y el segundo, reorientará la política económica y diplomática errada del recién salido presidente Piñera. La línea ya está definida, ya la indicó el nuevo canciller Heraldo Muñoz, al decir que "Chile no tendrá un sesgo ideológico, sino que pondrá énfasis en avanzar pragmáticamente hacia una región más integrada y con una identidad propia", no obstante "Chile dará un giro en su política exterior desde un enfoque que ha privilegiado las relaciones económicas –que seguirán siendo muy importantes para el país-- hacia una perspectiva integral que otorgue similar peso a las dimensiones políticas, sociales y culturales de nuestros lazos externos en un mundo cada vez más globalizado, con una ciudadanía activa e interconectada a través de las fronteras nacionales" (http://elpais.com/elpais/2014/03/12/opinion/1394642773_153377.html).

Con "velocidades diferentes", como dice el canciller, se buscará imprimir una ruta más clara. Una integración que permita combinar "realismo y voluntad política" (Ibídem). Para así, estar en condiciones de imprimir una determinante sanción a los Estados Unidos, en donde, desde oriente Rusia y China hagan lo suyo; y en el sur, Latinoamérica cierre la pinza imponiendo sanciones como lo podría hacer con nuestro apoyo regional Venezuela, tercer exportador de crudo a los EU. Dejándoles de vender petróleo, por ejemplo. Como también podría hacer Rusia con Europa, dejándola sin gas.

La salida que permita una nueva composición multipolar, menos excluyente y más distributiva está a la vista, sólo no hay que voltear la mirada.