Cartas de América

Nicaragua y América Latina: la tercera revolución

La transición de la dictadura a la democracia pasó por un periodo traumático por la intervención estadounidense de la “contra” que finalmente llevó a Violeta Chamorro a la presidencia, y con ella, se pausara el proceso revolucionario que consideraba reparto agrario, eliminación del analfabetismo y avances en salud.

Cuando mi generación nació, a principios de los años ochenta, en Nicaragua se gestaba el proceso de transición política más impactante que haya vivido América desde el triunfo de la Revolución Cubana. Un conjunto de comandantes pro socialistas habían conseguido que triunfará la Revolución Popular Sandinista y derrocar así, al último de los dictadores del linaje de la familia Somoza.

La transición de la dictadura a la democracia pasó por un periodo traumático por la intervención estadounidense de la “contra” que finalmente llevó a Violeta Chamorro a la presidencia, y con ella, se pausara el proceso revolucionario que consideraba reparto agrario, eliminación del analfabetismo y avances sustanciales en salud.

Sin embargo, los herederos de la causa de Augusto César Sandino no cejaron en su lucha, y ahora con los votos, avanzaron hacia un triunfo electoral en 2007, ya habiendo nuestra generación tomado madurez.

Este segundo proceso de gobierno sandinista en Nicaragua, con Daniel Ortega al frente (como hace 25 años), lleva 7 años, y lejos de cualquier posibilidad de interrumpirse como antes pasó, se está consolidando con pies de plomo.

Gracias a un avance en los márgenes económicos, que contrario a otro países tienen procesos inflacionarios, en la tierra de Rubén Darío el poder adquisitivo de las personas se acrecienta con una reducción en los costos del tomate, la naranja y el frijol, entre otros, consiguiendo una deflación del 0.86% respecto de 2013.

Políticas sociales de gran impacto y efectivas para la igualdad y equidad social, como “Hambre cero”, “Usura cero” o el “Plan techo”, además de consolidar entre la gente los beneficios de un gobierno de verdadera izquierda, fortalece a la capa social más desfavorecida históricamente del país, y hace tangible, que la realidad de nuestros pueblos, puede ser modificada.

En el plano económico internacional, con grandísimos impactos nacionales, el gobierno del Frente Sandinista de Liberación Nacional pone en marcha en diciembre próximo, su proyecto más ambicioso: la construcción de una vía interoceánica en Nicaragua.

El canal de Nicaragua, tendrá, además de una longitud de 278 kilómetros, un aeropuerto, varias carreteras, una zona de libre comercio, complejos turísticos y dos puertos, uno del lado del Pacífico y otro en el Atlántico.

La importancia en Nicaragua de este gran proyecto será descomunal, brindará en toda la zona un crecimiento en infraestructura sin igual, produciendo empleos temporales y fijos, así como un comercio y servicios periféricos que impulsarán el crecimiento del país como un resorte que se libera de una pesada carga.

Sin embargo, la importancia geopolítica de su construcción, será aún mayor. Hace más de un siglo, cuando los estadounidenses pusieron en marcha el canal de Panamá, dieron un vuelco al comercio y a la geopolítica de todo el mundo, permitiendo por primera vez, que los buques de carga y guerra no rodearan el Pacífico o el Atlántico hasta su extremo sur para luego tener que subir al encuentro con los puertos del hemisferio norte. Las ganancias políticas y económicas obtenidas por los Estados Unidos en estos cien años, han sido indescriptibles.

Y así serán las ganancias en los mismos sentidos que obtenga Nicaragua con el canal que no sólo llevará su nombre de dicho, sino que además, será de ellos. Y dichos beneficios, serán para todo el continente en su parte sur, compartidos por las naciones progresistas de América Latina, quienes tendrán la posibilidad de intercambiar su mercancía sin las pesadas cargas de negociación que imponen los Estados Unidos en un país al que no han dejado de subyugar.

Muy pocos kilómetros al norte del primero, el nuevo canal será un polo de contrapeso de América del Sur frente a los Norteamericanos, de tal forma que nuestro avance por el fortalecimiento de la América Latina, que se ha venido gestando desde el arribo de los gobiernos democráticamente electos en Venezuela, Bolivia, Chile, Ecuador, Argentina, Uruguay y Brasil, tendrá una herramienta como nunca habíamos imaginado, hasta la puesta en marcha del gran proyecto sandinista del siglo XXI.

Con lo que las nuevas generaciones Latinoamericanistas tendremos un camino menos escabroso en el paso hacia la integración y la lucha contra la desigualdad de nuestras naciones. Con lo cual, a nosotros nos corresponderá continuar la senda marcada para dar pie al arribo de la tercera revolución del continente, cimentada, gracias a esta generación que nos antecede.

Twitter: @Luentes

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