Cartas de América

Fidel, una historia en ciernes

Una premisa básica de cualquier gobierno de izquierda, que la riqueza de los pueblos, sea para el provecho y beneficio de éstos. Como lo viene haciendo en el Ecuador el gobierno de la Revolución de Ciudadana de Rafael Correa.

Fidel Castro Ruz no nació ayer. El Comandante tomó las riendas revolucionarias de Cuba un 26 de julio de 1953 y consiguió derrocar a Fulgencio Batista comenzando 1959, desde entonces sabe bien lo que hace. Y antes de conseguir el triunfo de la revolución cubana, pasó por periplos amargos y complejos, por la cárcel y el exilio, gracias los cuales, entendió y emprendió su locura: hacer, partiendo del Puerto de Tuxpan, México, en el Granma, una embarcación desvencijada, con 82hombres mal entrenados pero con mucha mística, una revolución que perdura hasta ahora.
Con rapidez, tenacidad y mucha astucia, emprendió el rumbo después de su victoria armada: hacer la revolución después de la revolución, para lo cual hizo lo que nadie, en muy pocos años materializó profundos avances, como: alfabetización, educación, salud, ciencia y tecnología, deporte, vivienda, abasto popular, y por supuesto, ideologización.
Enfrentó a la Legión Anticomunista del Caribe, Bahía de Cochinos, la Crisis de los Misiles, la caída de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS),el Periodo Especial, la Crisis de los Balseros; y, enfrenta aún, el bloqueo económico. Y sólo él sabe cuántos desafíos más, de los cuales, él y su revolución, siguen andando.
Para ello, Fidel ha contado con el respaldo de muchos pueblos, particularmente de Latinoamérica y el Caribe, y dentro de éstos, sin ninguna duda y durante mucho tiempo-hasta la crisis derivada del "comes y te vas" con Vicente Fox-mantuvo un apoyo determinante de México, como gobierno y como pueblo. La empatía de los mexicanos con el pueblo cubano es manifiesta, los lazos de entendimiento, amistad, familiares y económicos, son innumerables.
Pero de manera particular, Fidel hizo amistad con el régimen priísta (Partido Revolucionario Institucional-PRI) del siglo pasado, con aquel régimen que coartó libertades, oprimió y reprimió opositores, mató estudiantes, o negó la participación al -entonces existente- Partido Comunista Mexicano en los procesos electorales.
A cambio de los votos de México, año con año, en contra del bloqueo económico de los Estados Unidos a la Isla o contra la calificación al gobierno cubano de violador de los derechos humanos en la ONU; así como por apoyos e intercambios económicos, numerosos y permanentes, Fidel hizo un acuerdo para dejar a su suerte a sus correligionarios comunistas, rebeldes y guerrilleros mexicanos, que enfrentaron sin su apoyo, la Guerra Sucia de los gobiernos del PRI.
En aquellos años, el PRI al menos, era nacionalista, defensor de la propiedad del Estado sobre nuestros recursos naturales, como el petróleo. Una premisa básica de cualquier gobierno de izquierda, que la riqueza de los pueblos, sea para el provecho y beneficio de éstos. Como lo viene haciendo en el Ecuador el gobierno de la Revolución de Ciudadana de Rafael Correa, que ha invertido las cifras: antes de la Alianza PAIS (Patria Altiva i Soberana), 80% de las ganancias derivadas del petróleo salían del Ecuador en los bolsillos de las empresas extranjeras que lo explotaban y, sólo 20% se quedaba para beneficio nacional; ahora, la cifra es inversa, 80% es para los ecuatorianos, y, a pesar de la reestructuración, las trasnacionales del petróleo aceptaron quedarse por el 20% del beneficio.
Progresivamente el Mashi –como le llaman en quichua al compañero Correa- se plantea dejar la dependencia extranjera y extinguir la ganancia no ecuatoriana sobre la riqueza petrolera de este país de la mitad del mundo. Contrario a este proceso, está México, que anteayer decidió, después de 75 años, quitarle al Estado la exclusividad de la explotación de los recursos energéticos y construir el camino para que sean las trasnacionales como Chevron-Texaco (con la que Correa mantiene un juicio multimillonario por el daño permanente al medio ambiente que dejó) las beneficiarios principales de ése –hasta ahora- indispensable energético.
Ante la entrega del sostén económico de México a los capitales extranjeros por parte del PRI, los mexicanos requerimos de la contundente solidaridad internacional de aquellos que defienden a los pueblos contra el abuso de los gobiernos y los capitales extranjeros. Y para ello, es fundamental que Cuba y su líder, Fidel Castro, sean claros en su respaldo a la izquierda que combate la "reforma" energética y no alienten a esa izquierda infantil y estéril, que sólo distrae el debate y se convierte, en cómplice de la derecha.
De lo contrario, no habrá historia que consiga absolver al Comandante en Jefe.