Cartas de América

Fascismo a la colombiana

Apenas el 9 de diciembre pasado el jefe del primero, basado en un expediente armado por el segundo, decidió emitir un fallo que deja fuera de su cargo como alcalde mayor de Bogotá a Gustavo Petro Urrego, cargo para el que fue electo el 30 de octubre de 2011 y comenzó a ejercer el 1 de enero de 2012.

Si a los transeúntesde la bella Bogotáles preguntarán el nombre del procurador General de Colombia, no sé cuántos sepan responder, supongo que muy pocos; si fuesen consultados sobre el nombre del procurador Primero Delegado, pues pienso que las respuestas serían aún menos; sin embargo, en los últimos meses, en particular en los últimos días, estos personajes (cuyos nombres no aprecio útil mencionar por carecer de una individualidad que los distinga) han hecho ejercicio de su cargo y del poder meta democrático que éste les brinda, así como de su afición por suplantar al soberano, para dejar a los bogotanos sin gobierno local.
Apenas el 9 de diciembre pasado el jefe del primero, basado en un expediente armado por el segundo, decidió emitir un fallo que deja fuera de su cargo como alcalde mayor de Bogotá a Gustavo Petro Urrego, cargo para el que fue electo el 30 de octubre de 2011 y comenzó a ejercerel 1 de enero de 2012, debiéndolo concluir el 31 de diciembre de 2015, no antes; a menos que sea revocado por la misma fuente de autoridad que lo llevó al cargo, y ésta autoridad, la ciudadanía bogotana, aún no habla. No se lo han permitido.
Todo comenzó porque un conjunto de evidentes opositores políticos del exintegrante del M-19, decidieron iniciar una investigación disciplinaria por los gravísimos delitos de retirar de manos privadas la obligación estatal del servicio de recolección de basura en la ciudad, para darle dicha encomienda a un empresa pública con una finalidad muy sencilla, que un servicio legalmente mandatado para el Estado, lo realice una instancia del mismo, y no un particular, cuya motivación no es la vocación de servicio, sino el del legitimo, pero para el caso, contradictorio ánimo de lucro.
Lejos de considerar las consecuentes molestias causadas a los habitantes de aquella capital por el cambio de horarios y reglas para la recolección de basura los días 18, 19 y 20 de diciembre de 2012, la irritación nace por la derecha en virtud de ver ésta, atacadas sus reglas no escritas de hacer del servicio público, un negocio privado.
El desproporcionado castigo contra Petro marca una tendencia histórica de quienes consideran, como el procurador General de la Nación en Colombia, que las normas humanas no deben de estar por encima de las inconexas normas morales. La sanción, que además de destituirlo como alcalde lo inhabilita por 15 años para ocupar cargos públicos, está fuera de todo orden lógico-jurídico, ya que responde a la molestia de apenas 100 ciudadanos en una ciudad de 6 millones 763 mil pobladores, que se quejaron por una crisis en la recolección de basura en los días mencionados debido a la inexperiencia de la nueva empresa pública de recolección y la consecuente falta de aseo urbano en Bogotá.
Algo que no debió de haber pasado, ¿Cómo es posible que la basura estuviera presente en las calles bogotanas por tres días seguidos? Por fortuna nadie en esos días presentó problemas irreparables para continuar viviendo como el de estar muerto a causa de la basura. En cambio, gracias a la prohibición que el dirigente del Movimiento Progresista impuso para portar armas en la ciudad, la tasa de ése problema, el de la muerte, presentó la cifra más baja en las últimas dos décadas.
Sin embargo, el ex candidato presidencial será removido del cargo en los próximos 10 días a partir del 13 de enero debido al fallo del Procurador, de no proceder la suspensión definitiva del mismo por parte del Tribunal Administrativo de Cundinamarca, mismo que otorgó las medidas cautelares con la suspensión provisional.
De suceder la suspensión, Petro se reintegra de pleno a su cargo como Alcalde Mayor de Bogotá y se prepara para un refrendo revocatorio, en donde se cumpliría un principio democrático elemental: nadie puede anteponerse a la voluntad del ciudadano. Sólo los habitantes bogotanos que optaron porése gobernante, están en condiciones de decidir sobre su continuidad.
Y de confirmarse el fallo que lo retira del cargo, la lucha jurídica, pero ante todo, la batalla social por su reincorporación, harán de este caso, la mejor campaña política que alguien pueda tener.
Y de una forma u otra, el doctor Gustavo Petro deberá grandes favores a aquellos torpes, que cual fascistas, en nombre de la democracia y el derecho, buscan exterminar a sus contrincantes políticos hasta convertirlos en gigantes inalcanzables para sus siempre limitadas capacidades políticas, jurídicas y hasta morales.
Bastará con mirar quien releva a Juan Manuel Santos en 2018.