Cartas de América

Entregar el petróleo, regresión al porfiriato

Desde la conquista nos han saqueado, es un dicho popular el "cambiar oro por espejitos". Y cuando comenzó a ser de utilidad comercial para las industrias europeas y estadounidenses el petróleo, éste se convirtió en poco tiempo en el nuevo oro.

La codicia provoca la perdición de la calidad humana, que los bienes materiales se tornen más importantes que la vida, y que el poder político, pero ante todo, el económico, avasalle a los pueblos en busca de sus riquezas. La ambición por el petróleo mexicano es un fenómeno natural del extranjero que considera los recursos naturales de un pueblo pobre, parte del patrimonio natural de sus empresas, que sólo debe ser aprovechado por unos pocos mexicanos premiados con centavos.

Desde la conquista nos han saqueado, es un dicho popular el "cambiar oro por espejitos". Y cuando comenzó a ser de utilidad comercial para las industrias europeas y estadounidenses el petróleo, éste se convirtió en poco tiempo en el nuevo oro. Pero con alguien como Porfirio Díaz dominando al país, a quien la facilidad dictatorial le permitió hacer de nuestra riqueza, la riqueza de compañías extranjeras, ya ni los espejitos vimos, no así Don Porfirio, su familia y allegados, quienes gozaron de privilegios producto de acciones petroleras hasta marzo de 1938.

En el porfiriato existieron afortunados de la entrega del petróleo a los extranjeros, como el gobernador de Chihuahua, Enrique C. Creel (bisabuelo de Santiago, hoy entusiasta panista); José Ives Limantour, ministro de Hacienda; Guillermo Landa y Escandón, gobernador del Distrito Federal; o el propio hijo del dictador, Porfirio Díaz Ortega, que en un informe de la Compañía El Águila (empresa inglesa) de 1909, revelaba que los mencionados eran accionistas.

Hoy, los afortunados del despojo serán, igual que antes, unos pocos afortunados que ayer eran consultores de petroleras estadounidenses y hoy, funcionarios mexicanos. Al publicarse la nota del The Wall Street Journal sobre los acuerdos PAN-PRI para vender nuestro petróleo, el único funcionario en desmentirla fue Emilio Lozoya Austin, director general de Pemex, en un evento bancario moderado por José Córdoba Montoya, poderoso secretario particular en el sexenio de Carlos Salinas de Gortari, a su vez amigo de universidad de Emilio Lozoya Thalmann, padre del primero y secretario de energía con Salinas.

Así como entonces ganó gente como el ministro de Justicia de Díaz, Manuel Calero, apoderado de la Huasteca Petroleum Company, ahora ganará gente como Pedro Azpe, secretario de hacienda con Salinas, o su otrora empleado en la empresa Protego (consultora de consorcios en EU), el hoy secretario del mismo ramo, Luis Videgaray.

No se explica de otra manera la intención de dara manos extranjeras el sustento económico de México. Pemex aporta año con año, alrededor de 3.6 pesos de cada 10 pesos del presupuesto nacional, para lo cual, le son retenidos fiscalmente 70% de sus ingresos, que sumado a la corrupción en gobiernos panistas y priistas, explica perfectamente bien la necesidad de inversión en la paraestatal. Es decir y se ha dicho mucho, a Pemex lo están quebrando para vender el petróleo.

Otra falacia es el declive en la producción petrolera del país, hecho producido por la inconmensurada explotación del recurso. En 1921 México produjo 25 por ciento de la producción mundial de petróleo, con 193 millones de barriles, de los que 151 millones se extrajeron de un yacimiento, la Faja de Oro, para 1924 la producción descendió a 139 millones, de los cuales, sólo 38 procedieron de la Faja de Oro, habían agotado el yacimiento. Así sucede ahora, explotan un yacimiento hasta que su producción merme para argumentar que se nos acaba el petróleo, que más vale que vengan otros por él.

Las empresas inglesas y estadounidenses abusaron de tal forma de nuestra riqueza, que fue hasta 1935, ya en el poder el General Lázaro Cárdenas del Ríos, que se forma el Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana (STPRM), ante las injusticias laborales de los extranjeros, quienes con el apoyo de sus gobiernos se consideraban intocables en su suelo mexicano.

Fue el desacato a un laudo ganado por el STPRM ante la Suprema Corte de Justicia la gota que derramó el vaso para que con la expropiación se hiciera valer el Artículo 27 constitucional que hoy se quiere extirpar. ¿Quieren los agremiados al STPRM volver a aquella época o quieren defender a su empresa y a su sustento, el petróleo?

Hizo falta la visión política de un estadista como Lázaro Cárdenas para conseguir la que sin duda es la hazaña de reivindicación soberana más importante y que ha sostenido al país por décadas, ¿creen que entregarlo a manos extranjeras es un acto propio de un estadista? ¿Creen que Peña Nieto lo es?