Cartas de América

Entender el problema II

“La enfermedad y la pestilencia, el fanatismo y la violación, el robo y el asesinato, el pillaje y la guerra, aparecen como una constante en la historia mundial. ¿Por qué? ¿Puede uno explicar la guerra y la maldad de la misma manera? ¿Es la guerra simplemente la maldad de las masas y, por tanto, la explicación de la maldad es una explicación de los males a los que están sujetos el hombre y la sociedad? Muchos han pensado que así es” (Waltz, Kenneth, “El hombre, el Estado y la guerra”, trad. de Arturo Borja, CIDE, México, 2007).

Acaso la “guerra mexicana” es un simple destino, que junto con los conflictos de Siria e Irak, nos llevan a tener el tercer sitio en número de muertos durante 2014 rebasando lugares comúnmente bélicos como Myanmar (antes Birmania), Sudán del Sur y muchos más dentro de un mundo poblado por más de 40 conflictos armados, según el Instituto Internacional de Estudios Estratégicos (www.iiss.org).

La semana pasada finalicé comentando sobre la necesidad de identificar correctamente el problema que enfrentamos para así poder comenzar a atajarlo, asunto complicado, ya que México está innovando en conflictos armados.

No nos estamos enfrentando a un grupo armado cuya intención sea suplantar al Estado actual para imponer una nueva forma de gobierno nacional, de índole religiosa, ideológica, económica o en su simple forma de gobierno.

Se trata de una lucha desde abajo y hasta arriba, por el control de los mercados ilegales de toda clase de delitos, como son: actos de terrorismo, contrabando de bienes y servicios diversos, ejecuciones de funcionarios públicos,extorsión, falsificación de dinero/bonos/valores, falsificación de documentos, fraudes de tarjetas de crédito, homicidios calificados, infiltración patrimonial, lavado patrimonial (de dinero y otros tipos de patrimonio), lenocinio, lesiones, piratería de productos diversos, pornografía, robo de vehículos, secuestro, tráfico de armas, tráfico de cigarros, tráfico de estupefacientes, tráfico de indocumentados, tráfico de material radioactivo, tráfico de personas y trata de personas, que suman 23 delitos (Buscaglia, Eduardo, “Vacíos de poder en México”, DEBATE, México, 2014).

Que sin ser o entrar en la categoría convencional de “guerra civil”, se ha convertido en la vía práctica, en eso, en una guerra civil que deriva en más de mil muertes por año desde el año 2000, para estar, en las 15 mil de 2014 y más de 120 mil desde su comienzo con 30 mil desaparecidos y más de 281 mil desplazados (http://internacional.elpais.com/internacional/2015/05/15actualidad/1431655479_587421.html), de acuerdo a cifras conservadoras.

Para Kenneth Waltz el problema para determinar los remedios de cualquier guerra consiste “en la vaguedad desalentadora o falta de realismo, tanto en el análisis de las causas como en la prescripción de los remedios”, para lo cual, la aportación de Eduardo Buscaglia es significativa.

Este autor e investigador sobre conflictos en más de 104 países del mundo, receta cuatro medios indispensables para conseguirlo: 1. Controles judiciales; 2. Controles patrimoniales; 3. Controles de la corrupción, y; 4. Controles sociales.

Siendo sin duda, la última de las medidas la más importante, sin la cual, las tres anteriores nunca funcionarán: controles sociales.

Éste sistema de control “opera en varios estratos (individual, familiar, comunitario, laboral, de salud y educativo) y que previenen que más ciudadanos incurran en los tipos de delitos organizados antes listados. Como parte de estos controles, vastas redes de asociaciones de la sociedad civil técnicamente especializadas deberían monitorear de manera operativa el funcionamiento de las instituciones públicas y trabajar a nivel de base social en rincones del territorio donde el Estado no llega, para salvar vidas como mecanismos de prevención social en materia de salud, educación y trabajo”.

Si estos controles que parecen tan simples se ejercieran todos los días como sucede en otras tantas naciones (lo que hace pensar que es posible) y no fueran parte solamente de los discursos aparentemente bien intencionados, estaríamos del otro lado. El problema fundamental es cómo llegar a la instauración consuetudinaria de ellos en una sociedad que sin guerra o con ella, nunca los ha tenido, ni siquiera conocido.

Para Buscaglia es posible mediante mecanismos que explica detalladamente haciendo uso de resultados conseguidos en otros lados así como su inmersión en una realidad tan compleja como la nuestra, algo de lo que abundaremos en la siguiente oportunidad.