Cartas de América

Doña Benigna

“Educado para servir a la patria y a Dios” era la consigna que resonaba siempre en la cabeza de Martiniano, un ferviente creyente de las buenas costumbres, pero sobre todo creyente de que sus costumbres eran las buenas.

Boca Chica, República Dominicana. “Educado para servir a la patria y a Dios” era la consigna que resonaba siempre en la cabeza de Martiniano, un ferviente creyente de las buenas costumbres, pero sobre todo creyente de que sus costumbres eran las buenas. En consecuencia, como las demás, había que combatirlas “en nombre de Dios y de la patria”.

Y no podía ser diferente, Martiniano fue educado rígidamente por doña Benigna, su madre, a quien le debe todo lo que es: honrado, formal, buen creyente, educado y con probada valentía. Siempre presto para servir y enfrentar a esos engendros del diablo que azotan a su país: los comunistas.

Ella, su madre, nació el 14 de mayo de 1928 en su casa como entonces se estilaba no supo en aquel momento que el día que nació, había marcado el día que iba a morir. Quien lo supo a destiempo y para su mala fortuna, fue Martiniano.

De haberlo sabido nunca lo hubieran creído, tanta desdicha acumulada. En fin, doña Benigna sabía que si ella contribuía haciendo hijos de bien para su país, nunca ganarían esos comunistas que amenazaban mediante la guerra de guerrillas con tomar el poder, por ello, sus tres hijos se hicieron militares.

Como buen primogénito, Martiniano encabezó siempre las decisiones familiares, guió el camino suyo y el de sus hermanos, y en el camino, cayó el menor: Trinidad. Los responsables de la tragedia familiar: los comunistas. Claro.

Desde entonces el odio creado hacia esos “come niños” fue tan grande que él, su madre y Santos, el de en medio, sólo vivían para ver morir uno por uno a los jefes rebeldes, desde el comandante Leonel, hasta Ramiro, con particular coraje por esa mujer que vestía como hombre y portaba también su fúsil. Era el colmo. Un mundo de cabeza, pero sobre todo, en peligro.

Mientras estuvo abierta la posibilidad de ganar como siempre creyeron que iban a ganar, existió aliento en la familia, que sólo sabía hablar de los logros militares de sus hijos mientras ocultaba sus muchas derrotas. Sólo hablaba de guerra, muertos, balas y sangre. Todo sea por la paz.

Pero un 16 de enero de 1992 todo cambió, en un castillo afrancesado parecido al que le contaron sus abuelas venidas de Europa que habían vivido antes de tener que seguir el camino del dinero que las llevó a Centro América; sin balas y sin sangre, se firmó la paz. Una paz por la que ella perdió un hijo y por la que sus dos aún vivos, lucharon, pelearon y cuando creyeron que estaban a punto de ganar, los acuerdos de paz se adelantaron y marcaron el fin de su existencia, el termino del único motivo que los mantenía vivos.

Desde entonces la vida de doña Benigna, Martiniano y Santos nunca encontró un motivo de lucha, todo perdió su significado, vivían para que con la guerra llegara la paz, pero la paz llegó por la puerta de atrás, la del diálogo y el entendimiento, ellos, nunca lo entendieron.

Su capacidad de sorpresa día con día se vio rebasada, pero ver un día un cartel rojo que invitaba a votar por Jorge Schafik Handal quebró sus almas: ¡el mismísimo comandante “Simón” quería ser Presidente! En ese momento pensaron que ya habían visto todo.

Pero no. Esto apenas comenzaba. Las siglas FMLN con todo su significado se convertirían en las siglas del partido oficial, del partido en el poder. Los comunistas por fin habían llegado al poder o casi.

Un periodista de izquierda impidió que doña Benigna muriera en ese junio de 2009, al menos el Presidente no era comunista. Al menos…

Y durante cinco años la familia de doña Benigna, que había perdido el rumbo, que había perdido todo menos su dinero, encontró por fin un sentido de vivir, otro camino para combatir a los mismos. Vieron que ahora la lucha estaba en las urnas y a ellas se volcaron, movieron relaciones, dinero, empresas, medios y todo, con tal de hacer ganar a sus amigos y sacar del poder a esos que eran los responsables de su tragedia continuada.

“Primero muerta antes que un comunista sea Presidente”, dijo la señora un día cercano a 2014. Y así fue, doña Benigna no vio la luz del 1 de junio pasado. Murió un día antes. Cumplió su palabra. Fue velada el 31 de mayo junto a la madre del presidente que se iba, compartió los rezos y la compañía que esperaba ansiosa el día en que por fin, verían al Comandante Leonel, un comunista, ser Presidente.

Martiniano ayer vio el mensaje escrito en el libro de condolencias que un “camarada” le dejó a su madre: “Hasta la victoria siempre, compañera”. El día que nació había marcado también el día de su muerte.

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