Cartas de América

América Latina con hambre

El acceso a la educación superior no conlleva a escapar de la pobreza, 29% de la población vulnerable en 2011 tenía estudios superiores terminados y sin terminar, lo que supone que respecto a 1999, con 19%, el porcentaje se elevó, pero no salió de pobre.

La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) demuestra una vez más que pese a no ser la región más pobre del mundo, sí somos la más desigual. Los datos duros ofrecidos en su reciente informe sobre 2012 denominado: “Panorama Social de América Latina”, muestran que el camino hacia la justicia social de nuestros países aun es muy largo, particularmente para algunos que ni siquiera lo han emprendido, como México.
Pero muestran también, el complicado circulo de la pobreza desde el inicio de la vida, que lleva al estancamiento en la edad adulta y pocas oportunidades de llegar a la vejez. Muchos de quienes nacen pobres, no llegan viejos.
Antes, para ser claros en los datos a ofrecer, vale apuntar lo siguiente de acuerdo a las consideraciones de la propia CEPAL que divide a la población pobre en dos grupos: indigentes (padecimiento de pobreza alimentaria) y pobres no indigentes (aquellos que “comen” deficientemente y tienen poco acceso a servicios); mientras que la población no pobre es subdividida en vulnerable (en riesgo de caer en los rangos de la pobreza) y no vulnerable (fuera de riesgo).
Aquí los datos que evidencian el mencionado circulo de la pobreza al nacer: 51% de los indigentes (pobreza alimentaria) son menores de 17 años y 45% de los pobres no indigentes (es decir, al menos “comen”) están también debajo de ése rango de edad; en cambio, en los siguientes niveles de no pobreza, los menores de edad que los integran, pasan a ser mucho menos, apenas 38% entre la población vulnerable y 23% entre la que sale de los estándares de la vulnerabilidad. Contrario a lo anterior, de las personas de 50 años o más, su proporción entre los pobres es de 12%, para llegar a 27% entre quienes salen de la vulnerabilidad.
Lo anterior se explica parcialmente en los niveles educativos, la mitad de los adultos en indigencia no completó la primaria; y sólo 14% de los adultos entre los no vulnerables, padece ese rezago educativo. Lo que pareciera decir la educación conduce necesariamente al abandono de la pobreza, pero no es así.
Incluso el acceso a la educación superior no conlleva a escapar de la pobreza, 29% de la población vulnerable en 2011 (año en el que el informe rescata la mayor parte de la información que procesó a lo largo de 2012) tenía estudios superiores terminados y sin terminar, lo que supone que respecto a 1999, con 19%, el porcentaje se elevó, pero no salió de pobre.
Otro dato que realza del informe es la falacia que dice que reduciendo los índices de desocupación se termina la pobreza, ya que dentro de los indigentes, sólo 8% no está trabajando, y entre los no indigentes, sólo el 6% está inactivo. O que un empleo asalariado representa la oportunidad de abandonar los estándares de pobreza, ya que 57% de la población vulnerable tiene un empleo de ese tipo, y a pesar de ello, cada día corre el riesgo de caer en algún tipo de pobreza.
Todo lo anterior lleva al desencanto social, a la desconfianza ciudadana en las instituciones, a la irritabilidad de haber estudiado y no tener un trabajo seguro, o a tenerlo, y no poder obtener satisfactores como recreación, cultura o deporte.
Hay avances en el continente, muchos países están en la correcta ruta del progreso. Pero los pasos son lentos y el descontento social elevado. El crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) en América Latina en 2011 fue de 4,3%, que comparado con 2010, de 4,9%, refleja un crecimiento sostenido; en el mismo periodo, la tasa de desempleo decreció de 7,3% a 6,7%; la inflación también ha dejado de ser un problema en el poder adquisitivo de las personas, alcanzando en 2011 6,9%, sólo 0,4% arriba del registrado en 2010.
Nuestro nivel de pobreza es muy elevado: 29,4%, casi un tercio de nuestra gente es pobre, lo que representa a 167 millones de personas. Y peor aún, de éste porcentaje, 11,5% está en pobreza extrema o indigencia, 66 millones con hambre todos los días. América Latina continuará creciendo, a una tasa estimada de 3,2% anual, los precios, según el informe, se mantendrán bajos considerando una baja tasa inflacionaria.
La CEPAL calcula que si bien la pobreza continuará en su ruta de descenso, éste será muy bajo. La pobreza en general bajará medio punto porcentual y de los 66 millones de indigentes, ninguno habrá dejado de serlo para cuando las cifras oficiales de 2012 se conozcan. Manteniendo así, los mismos índices de 2011.
Cifras que hacen ver que no cabe ni un gramo de optimismo entre los gobernantes, al menos, mientras exista gente con hambre.