Trampantojo

¡O las villas o la ley!

Demoler las Villas Panamericanas se ha tornado en el tema sine qua non en lo que se refiere a la voluntad positiva por preservar y garantizar el ejercicio de los más altos valores de la cultura en aras del equilibrio ambiental, la equidad social y la justicia en el marco del respeto irrestricto e irrenunciable a la Ley. Su demolición -como acto de congruencia legal y heroísmo político- se convertiría en el paradigma más relevante de nuestro tiempo y además, a nivel local, sería el referente simbólico que sentaría las bases para entender la importancia que merece la comprensión de los profundos significados de la sustentabilidad y, asimismo, para que las generaciones futuras reciban un mensaje de esperanza en la construcción de la metrópoli de la cual serán herederos. Es muy simple: si no demolemos las villas lo que se vendrá abajo es el estado de derecho… ¡O las villas o la ley! No hay alternativa. Ningún uso es compatible con el bosque de la vida. El bosque La Primavera en un enclave de extraordinario valor como patrimonio ambiental y cultural de los jaliscienses y ningún costo económico justificará jamás la permanencia del oprobio y, es más, el titeo con el que juegan quienes argumentan la posibilidad de dotarlas de un mejor aprovechamiento mediante la definición de algún uso adecuado raya los linderos del absurdo y la mofa. Mantenerlas en pie sería la continuación del más grave y siniestro agravio que hemos padecido en la historia de Jalisco.  No hay excusa que valga: Las villas violaron la ley y violentaron el ambiente. Lastimaron las condiciones de fragilidad de la franja de amortiguamiento con premeditación, alevosía y ventaja. Fueron producto de la política de la voracidad al amparo de intereses usureros que buscaron medrar con los recursos del erario y de la mano del oportunismo pragmático ante la premura y la urgencia por celebrar aquellos juegos, los más corruptos, vergonzosos y nefastos de la historia. Está muy claro: Las villas no deben ser habitadas. Además, por si existiera alguna duda, haré referencia al artículo 133 del código urbano, que versa sobre el particular: “En caso de haber realizado construcciones, ampliaciones o reconstrucciones con o sin licencia, autorización o permiso en contravención de lo dispuesto en el programa o plan correspondiente, se procederá a demoler dicha obra, conforme a los siguientes criterios: I. Si las acciones se ejecutaron sin autorización, licencia o permiso, el costo de los trabajos será a cargo de los propietarios o poseedores a título de dueño y las autoridades estatales o municipales no tendrán obligación de pagar indemnización alguna; y II. Si las acciones se ejecutaron con autorización, licencia o permiso expedido por autoridad competente, el costo de los trabajos será a cargo de la autoridad responsable y los propietarios o poseedores a título de dueño que acrediten que actuaron de buena fe, tendrán derecho a la indemnización sobre pago de daños.” ¡Actúese en consecuencia!

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