Trampantojo

Agua a las cuerdas

Hace unos días recibí estas preguntas por parte de Agustín del Castillo: He aquí mis respuestas.

1 ¿La sociedad civil tapatía participa en la toma de decisiones de los asuntos de su ciudad? Me parece que la participación social en los temas de la ciudad es apenas incipiente y, además, superficial. Lo que observo es que los ciudadanos están más involucrados con sus asuntos particulares y en conseguir sus propios objetivos que en contribuir al interés común. Somos una sociedad egoísta y comodina. Sospecho que la toma de decisiones en los asuntos de la ciudad se deja a las autoridades debido a cierto conformismo y desdén, derivado de la actuación oportunista de algunos políticos que representan intereses partidarios o de los poderes fácticos. Quizá existe una idea relativa a que las cosas ya están establecidas y nada las podrá cambiar.

Sí, existen organismos de representación ciudadana pero cuya actuación obedece y responde a los intereses del poder. Están copados por el corporativismo político y sus aportes evidencian el control político sobre la opinión pública: Consejos, Observatorios, Organismos, etc. cumplen el rol de comparsas a modo de los proyectos y las políticas públicos sin sustento social. No existe un sistema eficaz de socialización en gobernanza. Las consultas públicas son parte de procesos de gestión protocolaría -y a posteriori- que no satisfacen las verdaderas demandas respecto a las necesidades reales de las comunidades.

2 ¿Sigue siendo un tema marginal? Sí, la sociedad se ha mantenido al margen toda vez que no se ha comprendido el rol de coparticipes en la construcción de las condiciones para mejorar la convivencia dentro de la civilidad y la ley. También hay desencanto motivado por el incumplimiento de promesas y el postergamiento indefinido de proyectos sin acabar.

3 ¿Qué tanto avance ves en el tema? No mucho. La flamante Ley en materia de Participación Ciudadana no coadyuva a la consolidación de la democracia participativa. En ella se entiende al ciudadano de manera abstracta y los actores ciudadanos reales juegan un papel de utilería y mera consulta para validar decisiones tomadas con antelación a la exhibición pública. No se satisface la necesaria y obligada socialización y concertación para que los proyectos de solución emanen desde el seno del órgano social.

4 ¿Qué tanto interés del poder político en estimular esa participación? A los poderes políticos y fácticos no les interesa la verdadera participación ciudadana. Quieren estructuras sociales sumisas y sometidas al arbitrio de sus voluntades y caprichos. Ocurre un peligroso silencio de las mayorías. Si, hay grupos y voces que expresan los sentimientos de algunos sectores de la población, pero que no consiguen transformar el pensamiento de la gente. Persisten las condiciones de amedrentamiento y violencia discursiva -y a veces efectiva- como estrategia del estado para contener la inconformidad.

5 ¿Qué tan verdadera es la leyenda del tapatío apático? Existe. Los tapatíos somos una sociedad enajenada que, salvo casos excepcionales de solidaridad obligada, nos dedicamos a trabajar solo para nosotros. Hay muy poco altruismo en la búsqueda de bien común. Sí, hay excepciones.

6 ¿Cuál es la historia de la organización en que trabajas y Qué tan complicado es insertarse en una realidad de este tipo? Participo en diversas organizaciones y grupos. Hemos trabajado con verdadero interés ciudadano por colaborar y aportan en la construcción de una mejor ciudad: Tiempo, recursos e ideas que nos han permitido la oportunidad de entregar el producto de nuestra limitada inteligencia para encontrar o sugerir soluciones desde la ciudadanía. Complicado no es. Es un asunto complejo que tiene muchas aristas y ángulos. La gestión requiere del desarrollo de habilidades para vencer las actitudes políticas que se corresponden con los intereses del sistema establecido.

7 ¿Eres optimista respecto al futuro de la inserción del ciudadano en los asuntos de la ciudad? Sí, siempre hay esperanza. Hay que trabajar para transformar los procesos y devolver a la política su carácter de catalizador social. La política es el arte de la convivencia civilizada. Debería ser el instrumento más eficaz para alcanzar la justicia, la equidad y la igualdad para dotar de oportunidades de crecimiento y desarrollo a la sociedad.

8 ¿Cuáles son los riesgos y cuáles son las oportunidades? El riesgo es el temor al cambio y a confrontar una nueva realidad. El riesgo es la incertidumbre por encontrar un innovador pacto social. El riesgo es mantener la crisis tal como está sin atrevernos a modificar nuestras costumbres y valores.

La oportunidad consiste en elegir un modelo visionario y desarrollar capacidades en aras de convertirnos en una sociedad ejemplarmente positiva que, en el mediano plazo, hubiere logrado superar las carencias materiales pero, sobre todo, vencer el estar supeditados a la concepción caduca que del estado tiene el actual sistema partidista, mediante una democracia que nada tiene de representativa para los ciudadanos libres. La oportunidad es por aprender a planear el futuro a largo plazo y no inventar el mundo cada tres o seis años.

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