Trampantojo

¡A toda Madre!

Hoy ocurre una coincidencia afortunada que me permite escribir en alusión a este día en que la mercadotecnia rinde tributo a los seres celestiales que Dios puso sobre la tierra para vigilar y resguardar los secretos insondables del universo. Son creaturas divinas que administran celosamente los tesoros con que a diario nos obsequian felicidad plena, armonía inmarcesible y amor a raudales. Ellas son la más sublime expresión de las 3 gracias: la alegría, el júbilo y la fiesta. La tertulia corresponde a esta fecha, más la conmemoración a la madre es un acto cotidiano de celebración que debería realizarse todos los días sin distingo de condiciones. Merecen ser reconocidas, admiradas y enaltecidas como las portadoras de la magia que nos hace vibrar y experimentar el misterio de la fortuna por tenerlas y el sortilegio de su ser bajo el encanto de su mirada, la algarabía de su sonrisa y el manto protector de su  corazón.

Mamá es dueña de la fortaleza de espíritu y el poder de la intuición; de la sabiduría con que ejerce su inteligencia; de la justicia con que imparte y nos educa en la igualdad, la fraternidad, la solidaridad y la equidad y de la templanza con que enfrenta las adversidades cuando se funde en el crisol de la férrea voluntad por salir airosa frente a los avatares del destino. Es ejemplo vivo de resistencia y resiliencia que ha aprendido y practica el estoicismo con que mantiene una presencia incólume y heroica para mostrarnos la senda de la razón que todo lo obra y puede.

Nada supera su entrega desinteresada y altruista. Está dispuesta a dar todo por los que ama, y nada espera a cambio. Es poseedora de la esperanza y cree ciegamente en el poder de la caridad. Su imagen está hecha a semejanza de las más bellas virtudes y su voz trina como el gorjeo chispeante de los ángeles. A su lado el alma retoza y en su cálido regazo nos sentimos en el paraíso. Con su actuar nos instruye en lo que es bueno y nos muestra los caminos de la tentación para que aprendamos a elegir. Sus enseñanzas nos conducen al aprendizaje de la libertad y de la verdad. A través del tamiz de su elevado sentido de la percepción nos ilustra sobre la belleza y mediante sus oficios de alquimia reconocemos la fealdad para negarla o aceptarla. Con su ejemplo conocimos el trabajo y entendimos cómo contrarrestar la pereza para generar riqueza y abundancia. Por ella conocimos los valores positivos y comprendimos los vicios negativos. Con su vida ha dejado constancia del bien hacer y de ella hemos mamado la savia de la integridad, asimilado la sustancia de la eternidad y bebido el elixir de la jovialidad.

Hoy  felicito a todas las mamás del mundo, pero en especial rindo amoroso y sentido homenaje a Ramoncita Acosta González viuda de Fernández, la más grande entre las grandes y agradezco al cielo por tenerla aún entre nosotros… y lo mejor de todo es que a mí mi Mamá me mima y es ¡A toda Madre!

 

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