Trampantojo

¿Y el arco?

De invención etrusca, el arco fue utilizado por los romanos como instrumento fundamental para conseguir sus más grandes conquistas y establecer su presencia a través del sentido colosal de su obra material edificada basada en el orden, la estabilidad, la funcionalidad y la belleza. El arco es sinónimo de dinamismo y estabilidad estructural. Su principal cualidad es la de soportar y transmitir al terreno las solicitaciones de manera fluida y sensual aunado al hecho de permitir la cobertura de grandes claros sin detrimento de la economía de recursos. Los hay de varios tipos y formas: De medio punto, conopiales, de herradura, carpaneles, ojivales, saeteros, túdor, mixtilíneos, rampantes, pensiles, etc.

Y así, cuando hace casi dos años fuimos testigos del desmontaje de aquel emblemático arco de medio punto que engalanaba la memoria del histórico mercado Corona, como recordarán, en un ejercicio de conciencia ciudadana –en aquel día aciago– me impuse frente al monumento y con megáfono en mano me permití instruir una pausa a quienes afanosos se entregaban a la tarea de quitar, una a una, las piezas que constituían la fábrica: Sillares, jambas, sálmeres, riñones, impostas, dovelas y clave... con todo y escopetas, llagas, tendeles, cornisas con cimas rectas, remates moldurados, balaustres y copones. Sin duda un armónico edículo portador de la idea arquitectónica del otrora edificio de Ambrosio Ulloa dispuesto respetuosamente por Julio de la Peña como signo de identidad.

Tal acto me condujo a entablar diálogo con el entonces director general de Obras Públicas de Guadalajara, quien, para salir presuroso de la encrucijada, se comprometió de manera verbal y pública a colocar el arco en algún sitio relevante en el diseño de la nueva construcción. (A la sazón, la intuición me decía que eso no ocurriría). Ahora han corrido las aguas y las lunas, pasado las obras y las carencias –y hasta las entregas fallidas– convertidas en falaces inauguraciones, sin buenos augurios. Hoy el tiempo inexorable avanzó y en los días recién registrados para los anales de la historia vimos cómo en el espacio público frente al mercado, en la plazuela dedicada a El Amo Torres, no hay evidencia tangible de la existencia material del arco. Su ausencia es la señal insobornable del triunfo de la demagogia y la insensibilidad política por parte de quienes, desde la autoridad, no comprenden ni asumen el valor de la palabra empeñada por la institución municipal.

De tal modo, es mi voluntad extender, a quien pueda interesar, la más cordial invitación para que como ciudadanos nos declaremos como amigos de la ciudad y del mercado Corona. De lo que se trata es de juntar esfuerzos, unir voluntades y reunir recursos para volver a montar El Arco de la Dignidad en el sitio al que pertenece. Como primer paso solicitar, por este medio y a quien corresponda, que se nos entreguen las piezas que fueron clasificadas y resguardadas a efectos de su posterior reinstalación. Enseguida procederemos a ejecutar los trabajos debidos, con la calidad y eficacia que la importancia de la faena implica. Así lo hicimos en aquella oportunidad cuando en actitud PROCÍVICA hicimos la Donación en especie pura y absoluta de la balaustrada a la escalinata sur en el teatro Degollado.

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