Trampantojo

“2015 ¡Nunca cambien!”

2014 ha sido un lapso efímero en la ruta del tiempo. Sucesión interminable de instantes que se proyectaron a la eternidad como señal inverosímil e inevitable de nuestros encuentros con la fugaz verdad que acompaña al existir entre esta tierra y este cielo. Tiempo espacio para la invención y el descubrimiento de nuevas realidades, nuevos derroteros o nuevos caminos, que apenas y acaso comprendimos un poco, muy poco. Plenos de incertidumbre, los días nos llevaron de la gracia a la tragedia, de la felicidad al llanto estremecedor, de la seguridad al miedo y la suerte hizo jirones con nuestra esperanza, México transitó de la luz a la más intensa y oscura noción de la infamia: Fuimos, una vez más, orgullosos comparsas en el gran circo de la corrupción y la violencia, incapaces de resolver, cada vez menos, los desafíos que nos cuestionan y confrontan con la esencia, ahora ausente, de la libertad.

Siempre habrá un lugar para pensar un futuro que hoy se presenta azaroso, siempre habrá un momento para imaginar un porvenir sin pretensiones, siempre habrá palabras para definir lo que sigue, sin aspiraciones. Sin embargo, estamos quietos, impávidos, inertes… y nuestras almas yacen. Deseamos la paz y la armonía que habitan lontananza, están lejos y, entre más  tratamos de alcanzarlas, más rápido avanzan hacia la tierra comprometida con intereses aviesos de quienes guían nuestros pasos por la senda de la potente ignorancia que conduce a la estoica sumisión donde no cabe el hartazgo. Si, marchamos, vociferamos, gritamos, nos inmolamos ¿Y qué pasa? Nada. No hay efectos, no hay consecuencias, no hay fuerza… somos débiles y desunidos. Nos matan las contradicciones y nos flagelan las adicciones. Somos la más encantadora versión de la frivolidad. Somos el país de la risa soez y el escarnio afable de los políticos que nos tratan como lo  que merecemos… como idiotas sin memoria.

¿Qué sigue? El año de las vanidades y las promesas de siempre. Si, seguro el mundo y la vida quedarán resueltos con los discursos y las declaraciones. Todo tiene solución y la alegría gira y gira en derredor de la inocencia crédula que nos caracteriza. Somos un pueblo embobado por la pantalla mágica de la ingenuidad que todo lo soporta y lo supera. Estamos en el preámbulo de la historia sin fin, que se repite sin cortapisas; relato circular reiterativo y sin censura. Es el mismo guión, la misma trama, los mismos actores, para la misma obra maestra de la política ficción que durará toda la vida… por los siglos de los siglos, mientras exista el mundo.

Esta es una misiva que pretende reconfortarlos, sepan que es mi mayor deseo que disfruten su presente y sueñen con un mañana prístino y lleno de sueños imposibles, que no se agote su modo de entender la fragilidad humana para que siempre conserven ese espíritu de resiliencia que los hace únicos.

Amiguit@s, sean felices y aguanten como ya saben… ¡2015 será mucho mejor! ¡Nunca cambien!

 

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