Trampantojo

¡Vivan los autodefensas!

El mundo nos plantea al menos tres maneras de enfrentar la realidad: la mentalidad ingenua, el sentido metafísico y el espíritu crítico. Es éste el que hace posible la viabilidad del ser auténtico y audaz. Para ser revolucionario es menester repensar nuestras costumbres y refinar nuestros actos. De pronto, reflexiono y pienso:

Una revolución conlleva la simiente de la transformación radical y acelerada del estado que guarda la realidad erigida a cargo de la costumbre y del marasmo conformista de un pueblo sin memoria y sin esperanza. Una revolución encarna el sacrificio del pueblo y la voluntad para erradicar las prácticas insanas de la abominación y los abusos del poder. Una revolución se construye sobre la base de los ideales y valores del conglomerado humano que constituye una nación en aras de alcanzar estadios superiores de cultura y democracia sustentados en la inteligencia social concebida como la integración de los saberes y valores compartidos por un grupo humano que aspira encontrar soluciones y resolver -de manera conjunta y coordinada- los retos de la convivencia en común. Es, asimismo, la construcción de acuerdos y consensos fundados en el conocimiento acumulado para establecer estrategias y tácticas conducentes a lograr el desarrollo armónico de la sociedad.

La esencia de la revolución es la presencia de ciudadanos audaces convencidos de la trascendencia de sus acciones para crear nuevos escenarios de convivencia y permanencia de altos valores en aras de la civilización a través de la movilización y transformación de la conciencia social.

Lo que ahora ocurre en Michoacán - y otras regiones del sur del país- NO es una revolución. Es grave y preocupante: Es una guerra sin pies ni cabeza que va hacia ningún lugar. Es la expresión más paupérrima, lacerante y desarticulada de un sistema político putrefacto y rancio que no ha sabido encontrar las soluciones que demanda llegar a ser una sociedad donde existiera la justicia, la equidad, el equilibrio y la igualdad. Hemos sido presa fácil del inhumano control del narco que todo lo ha permeado y corrompido tras la promoción y fomento de falsos valores, sobre todo económicos, derivados del egoísmo y la búsqueda de la riqueza fácil. Es inaudito, insólito e inconcebible que el gobierno –debido a su incapacidad para ejercer dominio sobre los criminales así como para garantizar la seguridad pública– se haya volcado sobre los grupos que buscan afanosos su propia seguridad y de paso contrarrestar los ataques de criminales protegidos y, quizá, en más de un caso, coludidos con la fuerza de estado.

Que lo sepa PEÑA NIETO, que lo sepa OSORIO CHONG, que lo sepa MÉXICO... ¡Estoy, como muchos, con los AUTODEFENSAS! ¡VIVA MÉXICO! ¡Pobre México... qué pena!

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