Trampantojo

Utopía tapatía

Asistimos al momento luminoso del inicio del tiempo. Ya no hay pasado, todo es futuro promisorio y halagüeño. Es un porvenir diferente, en donde la utopía está más cerca que nunca de ser alcanzada. Ya no es como antes. Hoy el horizonte se pinta de color de santidad y la bondad fluye por doquier. Sólo hay esperanza, confianza y optimismo, las sombras huyen y la felicidad relumbra. Nada escapa a las nuevas ideas que transformarán la incertidumbre y despejarán las dudas para encontrar la senda que conduce al paraíso. Hay innovadoras estrategias de gestión y novedosos modos de relacionarse: Ocurre el diálogo y se llega al consenso, se disipan las intrigas y se enaltecen las virtudes. Todo es armonía...

Es el instante justo de la creación. El influjo vital de la fuerza popular se ha manifestado esplendoroso y la sabiduría ha por fin iluminado a la inteligencia social. Ahora somos capaces de comprender los conceptos más elevados de la civilización en aras del progreso material positivo a efectos de reconstituir las bases de un estado poderoso como la expresión más acabada y elaborada de la res pública. Un nuevo contrato en común que defina los principios y preceptos de la convivencia a partir del respeto, la observancia y la obediencia de la ley. Un nuevo orden sustentado en la práctica de valores trascendentales basados en el ejercicio de la igualdad, la equidad y la justicia. Un nuevo espíritu de fraternidad y solidaridad cuya búsqueda sea la generación de riqueza compartida y subsidiaria, de colaboración y sacrificio –entendido como el hacer lo sagrado- para construir capacidades de negociación para lograr la eficacia funcional de la sociedad.

Estamos también frente a la oportunidad histórica de reconvertir el caos y evolucionar. De darle curso y sentido a lo que hacemos. De vencer miedos e inercias, de superar los atavismos ancestrales y soltar los rancios lastres que nos limitan, de provocar transformaciones radicales que renueven los paradigmas de la política, la economía y la cultura en todos sus ámbitos. Obliga aprender a ser otros, para a ser más proactivos en el compromiso y la corresponsabilidad. Obliga predicar con hechos más allá de las palabras. Obliga demandarnos y exigirnos. Obliga ser crítico de nuestra condición y del sistema pero obliga más proponer y proyectar escenarios para la realización de las aspiraciones compartidas.

Hemos alcanzado la gracia, estamos en la gloria y ya no hay obstáculos en el camino. Hay liderazgo y rumbo. Nada obsta para crecer en plenitud. Ya podemos lanzarnos a la conquista de la perfección. Todo está resuelto, ya somos la ciudad de la alegría. ¿Quién se atreve a negarlo?

Mmmmpmmfmmm... Aaaooouuuummmmm... Ooops, perdón, bostecé, fue un sueño. Ya desperté y el espejismo sigue allí... Es una utopía.

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