Trampantojo

Uber: Movilidad superior

La movilidad está en crisis. En el área metropolitana de Guadalajara no hay indicios de la existencia de un sistema de coordinación que regule y permita el control de los desplazamientos a través de la inadecuada interpretación que del concepto Espacio Público aquí se ha generado en su acepción de calles, banquetas y ciclovías –entiéndase infraestructura vial-. Y, más allá, menos encontramos evidencias de la implementación de estrategias de transversalidad para el análisis y toma de decisiones por parte de ninguna instancia a ningún nivel de gobierno. Estamos al garete. No hay planeación de las intervenciones y la obra pública carece de organización y de orden. La ciudad está sitiada por la ineptitud y el desconcierto agobia a quienes la usamos. No se brinda información suficiente para que la gente se entere de lo que ocurre en los diversos escenarios de la mancha urbana, no hay señales de inteligencia para fomentar la movilidad eficiente y funcional que merecemos, no hay señalética para facilitar los movimientos hacía los sitios a donde hay que moverse, no hay guías, no hay tácticas ni prácticas de orientación. Todo se hace al aventón, al ahí se va, al a ver qué sale en el camino. Nadie coordina.

No sólo es la infraestructura, también participan el transporte público –en todas sus modalidades o variables– y aún más nuestra incultura y mala educación cívica, en el imperio del automóvil de uso particular y singular… Y nos movemos como Dios nos da a entender. Lo que pasa es que no hemos aprendido a desarrollar un sistema de movilidad inteligente y cada quien asume que la movilidad más eficiente es la que lo conduce a llegar primero que todos los demás y contra cualquier principio de equidad e igualdad. Creemos que la calle nos pertenece y pasamos por sobre los derechos al libre tránsito y circulamos a nuestro arbitrio montados en la ceguera de la soberbia… y estamos en lucha permanente, todos contra todos. Aquí la ley es una caricatura que  causa risa.

¿Y qué decir de la autoridad? Nada. No hay fuerza capaz de detener la embestida de los intereses de las mafias que hacen, o han hecho, su agosto a través de la historia del negocio de transporte público de pasajeros. El pulpo camionero sentó sus reales desde hace años y es intocable. Por otra parte, los taxis amarillos, constituyen el ejemplo paradigmático del corporativismo charro que ha caracterizado los manejos turbios de registros y permisos para esos fines, y hoy se sienten agraviados porque llegó un servicio de alta especificación que los puso en evidencia. Uber ofrece condiciones para alcanzar una movilidad con elevados estándares de calidad en el servicio, a precios asequibles y mediante una innovadora plataforma tecnológica y logística que nos coloca en la antesala del primer mundo, ofrece: comodidad, eficiencia, buen trato, autos impecables y sobre todo honestidad y seguridad personal y fiscal (dan factura). Sin embargo, debemos tener cuidado y no dejarnos llevar por la flauta de Hammelin hacia espejismos y utopías. Uber debe ser regulado y el Estado debe ejercer su potestad como autoridad, más en un ejercicio de lógica y coherencia que propenda a escuchar todas las voces y proponer soluciones satisfacientes para el conjunto de intereses de los agentes involucrados en la construcción social de la movilidad superior a la que aspiramos. En tal sentido, es menester adecuar y ajustar nuestros paradigmas y revisar los fundamentos constitucionales hacia una innovadora ley de general de movilidad para el estado, pues la actual ha sido rebasada… y reitero mi propuesta: Transporte Público Gratuito.

 

jfa1965@gmail.com