Trampantojo

“#Tranzalajara”

La otrora amable y leal ciudad se encuentra ahora en un momento difícil de su historia. De la mano de Ramiro Hernández García, Luis Ernesto Salomón y todo su séquito de incondicionales y secuaces, nos han llevado, por sus pistolas, al patíbulo del caos en el imperio de sus necedades y caprichos de poder, embriagados ellos por la soberbia y la sumisión a la voluntad de su asechante y maquiavélica protervia.

Ellos, como nadie más, han hecho de la administración pública una piltrafa y se han rasgado las vestiduras por imponer su equivocada visión política, esa que los ha llevado a confundir los preceptos y principios fundamentales de la democracia y sus más altos valores. De ese modo, aspiran entregar lo que no les pertenece para beneficiar a particulares sin escrúpulos que se aprovechan de la fragilidad de un ayuntamiento incapaz de salvaguardar la soberanía sobre  los bienes públicos que nos pertenecen a los ciudadanos. No tienen la más remota idea de lo que significa la administración pública y desconocen los conceptos de eficacia y optimización. Parece que no entienden lo que representa el valor de lo público. Las desafortunadas e impertinentes declaraciones de Ramiro, en torno a los instrumentos legales para regular el desarrollo urbano -relativas a los planes parciales que, según él, frenan la posibilidad de fomentar el crecimiento y el desarrollo- lo posicionan en el escaparate de la insensatez. Nadie, mi estimado Ramiro, nadie en este país, está o puede estar por encima de la Ley. Las consecuencias no se hicieron esperar y ocurrió lo predecible: La separación del cargo del director de Obras Públicas obedeció a la vorágine generada por un manejo discrecional de los asuntos relacionados con los usos de suelo, y el otorgamiento de dictámenes, en precarias y apócrifas condiciones de sustentabilidad legal. Era obvia y evidente la usurpación de funciones y era insostenible el discurso de favorecer la inversión. Por otro lado, es una tremenda paradoja la separación del cargo del titular de la COPLAUR en el preciso momento en que se lleva a cabo la revisión del Plan Municipal de Desarrollo Urbano. Es una incongruencia del tamaño de la sinrazón y la pérdida de rumbo y sentido que ahora aquejan al ayuntamiento y que afectan de manera negativa al municipio. Estamos ante dos oportunidades trascendentales e históricas: Primero, que se cancelen y revoquen los dictámenes apócrifos, para intentar recuperar la confianza en la autoridad y segundo, que se inicie un proceso de renovación procedimental que le quite al presidente municipal el poder de designar cargos tan importantes y se proceda a elegir, de entre propuestas ciudadanas -mediante procesos transparentes y colegiados, a través de concursos de oposición y perfiles profesionales- a los encargados de tan importantes encomiendas.

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