Trampantojo

Palíndromo certero y veraz: Oír, oso a la mala, Osorio

Los actuales acontecimientos ocurridos en Oaxaca han dejado constancia de la insensibilidad y el desconocimiento sobre los significados de la política, que padecemos de la mano de un gobierno represor y bárbaro –que nos ataca y no acata– que no sabe conducir los destinos de la patria. Se ha puesto en evidencia la gran capacidad para atentar contra la lógica de la educación y se ha propuesto una reforma que, lejos de propiciar condiciones para el mejoramiento del Sistema Educativo Nacional –si es que hubiese ahora alguno–  no obedece a la precaria realidad que históricamente han enfrentado el magisterio y la  sociedad, principalmente en la región sur del país. Es fácil inferir las razones y motivos que han llevado a los maestros y a la gente a manifestar su descontento y desacuerdos. Existen elementos de análisis que nos conducen a esgrimir argumentos a favor de su lucha, la cual apoyo desde la trinchera de la necesidad que se tiene de dialogar para construir consensos.

Los actos infames cometidos por la policía, contra maestros y civiles, que hasta hoy han dejado una aterradora estela de muerte y heridas profundas que laceran la esperanza, son el testimonio más encumbrado de la infamia. Es inaceptable que la autoridad aplique toda la fuerza de las armas y de la inconsciencia contra su pueblo. Es inadmisible tener que soportar la estulticia y la violencia como estrategia de control a ultranza a cambio de la vida de personas que sólo aspiran a mantener, sustentar  y mejorar sus atribuladas existencias y de quienes desarrollan sus labores docentes rodeados de la falta de insumos e insuficiencia de recursos, además de no contar con programas eficaces de apoyo al incremento de sus capacidades y habilidades didácticas; que no cuentan con oportunidades de ascenso material positivo ni tienen acceso a la dinámica económica que les permita garantizar mejores niveles de bienestar y calidad de vida. Es patética la postura del Osorio que representa la discapacidad política del gobierno, en todo su esplendor, y que no ha encontrado la fórmula para conjugar los intereses de México. Su discurso nefasto es el paradigma del Horror.

Por otra parte, la tragicómica y vergonzosa actuación de una selección, descontrolada y desestabilizada por el otro Osorio, que no representa a México –y si a los intereses empresariales del futbol como negocio de unos cuantos– es la muestra inexpugnable de que somos campeones mundiales del error como sistema. Se trata de una confabulación con tintes de burla hacia la sufrida afición mexicana que aguanta todo y que reiteradamente le rinde tributo a los ídolos de barro ensalzados e inflados a niveles míticos por la publicidad. Es inconcebible e increíble que, curiosos y surrealistas como somos, haya quienes se vanaglorian y enorgullecen a partir de los pírricos resultados de jugadores que son poco menos que troncos y que ganan fortunas que rayan los límites del vituperio mientras existen asimismo quienes cuestionan y atacan a los maestros que dedican su vida entera y sus conocimientos a la educación de nuestros niños y jóvenes y que por ello ganan salarios ínfimos y miserables. En fin… Los Osorio como ejemplo vivo del Horror y del Error.

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