Trampantojo

Luces, cámara... ¡Inacción!

Descanse en paz Gabriel Gómez Michel. Aunque no lo conocí en persona estoy sumamente  consternado. Me parece inconcebible lo ocurrido y todavía no doy crédito el hecho atroz que segó la carrera política y la vida de quien entregó tiempo, ideales y aspiraciones por el bienestar de la gente. Así fue en el decir constatado de quienes lo conocieron en su tierra natal y en los sitios en donde desempeñó su labor. Lo que le pasó es un acontecimiento ejemplar y paradigmático que evidencia la tremenda situación de riesgo en que vivimos. Se trata de la espeluznante revelación de una realidad que nos agobia y nos mantiene en la incertidumbre con la única garantía de encontrarnos de pronto ante la sorpresa de ser partícipes, actores o víctimas de la inseguridad.

Es insólito. No puedo entender cómo fue que el aparato de inseguridad -que presuntamente nos resguarda y protege- haya sido incapaz de reaccionar -aunque fuese de modo torpe- ante un operativo que secuestró a Gabriel y de ribete se llevó nuestra tranquilidad. Estamos en manos de la discapacidad operativa en materia de salvaguarda civil. No hay inteligencia y menos existen indicios de coordinación policial aunada a la vituperante presencia de cámaras que están allí como muestra sublime de la corrupción imperante en un estado fallido en donde se practica providencialmente el error como sistema.

Para qué queremos contar con la más avanzada tecnología en video-vigilancia pública cuando no estamos preparados para los asaltos que nos acechan. Vi el video del secuestro y no comprendí la razón por la cual no se dio una instrucción inmediata para perseguir a los delincuentes... deben existir más cámaras en la ruta, deberían rondar patrullas por la zona y más, tenemos un súper helicóptero que brilló por su ausencia... de seguro no había operador o tal vez ni combustible. Estamos distraídos y entretenidos por asuntos menores. El convoy maligno recorrió a sus anchas, y en caballo de hacienda, la ruta fatídica hacia Zacatecas sin que hubiese nadie que se interpusiera en el camino... eso genera muchas sospechas. Es inaudito.

La situación política en Jalisco es lamentable y parece que nos hallamos en estado de indefensión asistida por el hampa y secundada por un gobierno ineficaz que no acata cómo resolver el grave y crucial momento que atravesamos. Padecemos el síndrome de la inacción, que atrofia el sentido y la lógica de la fuerza, cuya única alternativa es comenzar a transformarse desde las entrañas. Necesitamos un cambio radical que nos conduzca a experimentar innovadoras maneras de convivencia civilizada. Demandamos erradicar el juego de los criminales y oscuros intereses que manipulan y controlan este país. La fiscalía debe cambiar sus estrategias y protocolos: Luces, cámara... ¡Acción!

 

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