Trampantojo

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Era un día soleado y fresco en un paraje desértico pero idílico al noroeste de México. El viernes 29 de mayo me encontraba fuera de Guadalajara. Eran las 11:30 de la mañana. Me disponía a iniciar la ruta de retorno a la realidad y recibí una llamada muy peculiar: – Buenos días, tengo el gusto con el arquitecto (o sea, este servidor suyo)  – Sí, a sus órdenes. – Mire mi amigo, habla el ingeniero Nemesio Oceguera Cervantes, de la empresa del Cártel Jalisco Nueva Generación. (Anda… risas) – Ah, qué bien, dígame, ¿qué se ofrece? – Oiga, ¿recibió un sobre que le mandé a su domicilio ubicado en Monte Olimpo 1456? En él viene información de alguien que le quiere hacer daño y que fue quien me mandó con usted. Sí sabe quiénes somos, ¿verdad? – Sí, claro, si es usted famoso, ¿cómo le fue con el helicóptero?... Pero bueno, dígame, ¿qué más? –Pues quiero decirle que necesito que colabore con nosotros, se trata de su seguridad y la de su familia. – ¿Ah sí? ¿Y qué más? (La señal se escuchaba entrecortada y apenas le entendía)… Por cierto, ¿quién es el que dice que lo mandó conmigo? – Mire, esa información está en el sobre, lo tengo aquí conmigo y solo se lo puedo entregar si nos apoya… sabe, tengo ubicada a su familia, están solos en su casa (me dio risa, andaban conmigo) y usted no quiere que les pase nada a ellos, ¿verdad? Los quiere mucho ¿verdad? –Sí, sí los quiero mucho, pero ¿y qué si no lo apoyo? Perdón, pero casi no lo escucho… y se cortó.

Timbró de nuevo: – Oiga amigo, no se pase de listo –me dijo– ¿sí nos conoce o no?... – Claro, ya le dije que sí. – Y entonces sabe lo que le podemos hacer… – Mire, le dije, no tengo tiempo ni ganas de escuchar sandeces, mejor dedíquese a otra cosa porque no les pienso ayudar ni apoyar… y no les tengo miedo. – ¿Pues con quién cree que está hablando? – Pues con el Mencho, pero si quiere le topamos, usted dirá… – Mire, no se burle, aquí nosotros mandamos… y así le va a ir… lo vamos a chingar (vaya, le colgué, qué güeva).

Timbró de nuevo. No contesté. Timbró dos veces más y el pobre de seguro se dio cuenta de su error. No llamó más. Ha transcurrido una semana y todo sereno. Me hace gracia lo que son capaces de lanzarse para hacer presa de los incautos y de los miedosos que caen en sus garras. Obviamente inferimos que no era el Mencho, un personaje de su calaña no tendría tiempo de hacer este tipo de amenazas estúpidas desde un teléfono que se registró y que aquí ven como título del Trampantojo para que le llamen o lo ubiquen, no sean gachos, pélenlo.

De cualquier modo, por este medio –y por si acaso– hago responsables a Luis Carlos Nájera Gutiérrez de Velasco , a Jorge Aristóteles Sandoval Díaz y a Enrique Peña Nieto, por si algo llegara a suceder en contra de mi integridad personal, la de mi familia o en nuestros bienes. Los tres y todo el sistema –de seguro coludido y corrompido- han sido incapaces de construir condiciones para garantizar la seguridad y la tranquilidad de la gente que vivimos a expensas de la barbarie que el narcopoder ha impuesto sin restricciones y en pleno ejercicio de sus libertinajes.

Aaaaah, mañana vayan a la casilla y consideren anular su voto que, de cualquier modo y en ninguna de sus variables, para nada sirve en este remedo de democracia inútil que padecemos.


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