Trampantojo

Iconia: ¡no ahí, no así!

El alud de intereses que genera una inversión de la dimensión para Iconia nos muestra una beta inagotable de suspicacias que tienden a señalar la muy probable existencia de complicidades y cochupos que superan cualquier ficción posible. No es muy difícil entender las razones y motivos por los cuales el ayuntamiento de Guadalajara ha optado por hacer silencio y negar toda posibilidad de diálogo con los ciudadanos que hemos manifestado nuestro desacuerdo con el hecho atroz de ceder, obsequiosa y desventajosamente, el terreno de 13.6 ha. de propiedad municipal –es decir, que le pertenece al municipio, o sea, que nos pertenece a todos– para que un grupo desarrollador de negocios –que se pueden presumir cuasifraudulentos– pretenda hacer el negocio de su vida a través de los malos manejos de la autoridad y a costa de la riqueza pública, del desconocimiento y la apatía de los tapatíos.

Iconia exhibe las carencias de un proyecto que no ha considerado el impacto social capaz de crear escenarios de conflicto en el proceso de gestión de la ciudad. Se trata de una cuestionable estrategia de mercado que pretende imponer la visión imperativa y corporativa del capital sobre los preceptos y principios de la urbanística, la pretendida sustentabilidad y, aún más, que se aprovecha de la oprobiosa ineptitud de la autoridad que no acata cómo defender y recuperar el patrimonio materializado en un espacio público cuyo valor trasciende la esfera de lo simplemente ambiental, en su categoría como área verde y, sobre todo, que el ayuntamiento renuncia tácitamente a la soberanía sobre su territorio mediante artilugios de encantamiento que aspiran confundir a la ciudadanía por medio de las espectaculares puestas en escena contenidas en el video promocional y en la publicidad que ya circula en la red.

Tal vez Iconia podría atraer fructíferos beneficios a la ciudad y a su gente derivados del importante monto financiero que se aplicaría en su construcción y la derrama económica que esa acción produce, sin embargo, el principal argumento en contrario se fundamenta en la exigencia por desarticular la fallida táctica implementada por los actores –léase: el presidente municipal, el síndico y los regidores tapatíos que están a favor del proyecto–  involucrados en los procedimientos administrativos llevados a cabo por el cabildo de Guadalajara para lucrar, en lo particular o en lo político, y favorecer negocios privados con recursos públicos.

Aclaro: Si los españoles quieren invertir, que lo hagan, bienvenidos… pero que compren un terreno apto y que corran los riesgos propios de una inversión de tal envergadura… pero que no lo hagan a costa del bien común: ¡NO ahí, NO así!