Trampantojo

¡Huentitán vive!

En el lugar de las ofrendas existe un espacio público que alberga y da cobijo a la gente que habita en sus inmediaciones. No sólo habita en su derredor sino que a cada día hace de ese lugar un sitio donde se celebra la alegría y ocurren manifestaciones propias de los afanes por conseguir mejor calidad de vida. Es un parque que contiene la simiente de la convivencia con el entorno, en un ambiente natural digno del privilegio de parotas majestuosas y cientos de árboles que crecen para proveernos de sombra y resguardo, de esa mítica algarabía como la más alta expresión del espíritu de la libertad. Se dan cita cientos de deportistas que se ejercitan para mantener y acrecentar la fuerza del ánimo y la salud del alma. El parque Huentitán merece la gracia de permanecer y prevalecer para el goce y solaz de las generaciones futuras. Algunas mentes e intereses extraños han intentado secuestrar el parque para construir allí un recinto ferial que recibiría eventualmente a Las Fiestas de Octubre –ese jolgorio laico y mercantil que compite con la verdadera y profunda razón del ser tapatío: la fiesta de La Generala-. Sí, es cierto que se dice que se rescatarían algunos edificios con pasado glorioso –como el planetario Severo Díaz- y se proveería con equipamiento e infraestructura aptos para el uso intensivo del lugar a través del calendario anual, en donde, colateralmente, se habilitaría como parque público, con todo lo que conlleva: El inevitable y voluminoso flujo de personas y autos, delincuencia potencial, segregación y molestias.

Cuando el más inteligente de los alcaldes que han administrado al ayuntamiento tapatío, adquirió en los 80’s los terrenos para un gran parque natural metropolitano, lo hizo con una extraordinaria visión de trascendencia histórica: Dotó a la ciudad de una joya invaluable en términos de lo público y en aras de crear un oasis de armonía ambiental en simbiosis con la barranca, el tesoro sine qua non al que algunos otros también han querido saquear y aprovecharse de su enorme riqueza, mediante ocurrencias y disparates tales que pretenden voltear a ella y que, incluso, han destruido, entre otros, escenarios incomparables como el Parque Mirador Independencia que, al menos hasta hoy, presenta la agresiva presencia de un intruso inmisericorde que cercenó árboles  y nos quitó lo que es de todos para generar sospechosos beneficios. Hoy por hoy, Huentitán VIVE, más fuerte que nunca, a través de su gente. Quienes allí construyen su cotidianidad -y quienes llevamos años de recorrido por esa ruta- nos manifestamos contundentemente para que se nos escuche  con claridad: ¡NO AL RECINTO FERIAL! Queremos un parque vivo y consideramos que existen otros lugares en la metrópoli que pueden funcionar perfectamente para lo que pretenden, por ejemplo: Los terrenos en el Cerro del Cuatro. ¡Allá nos veremos!

 

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