Trampantojo

La Gerencia Metropolitana: Una utopía

Si no sabemos a dónde ir, cualquier viento te puede llevar… Así enunciado, este sofisma encantador podría describir, con precisión y frescura, lo que nos pasa en materia de Desarrollo Urbano. Quiere decir, además, que en asuntos de gobierno, no hemos terminado de entender lo que significan la planeación y la gestión de la ciudad que nos permitan impulsarnos a estadios más desarrollados de civilidad política y progreso social: Andamos al garete. Ello explica cómo las condiciones de gobernabilidad no corresponden con las aspiraciones comunes de un conglomerado ciudadano que poco a poco gana espacios para contrarrestar las argucias y ocurrencias de un sistema gubernativo que no acata, ni atina, ni sabe cómo resolver los entuertos,  retos y exigencias que le plantea la necesidad de instrumentar políticas y estrategias públicas para construir condiciones de sustentabilidad democrática cuyo destino final es la gobernanza.

Para conseguirlo se hace indispensable concebir la metrópoli en otra innovadora dimensión cualitativa. Hoy por hoy se plantea implementar un cuarto nivel de decisión y operación ejecutiva para optar por las mejores prácticas de dirección y dotar así de un elevado sentido de gobernación: El supermunicipio, que a su vez implica la instalación de la instancia gerencial semejante a la propuesta por el gobernador –y que no existe, contra lo que cree el actual director del fallido IMEPLAN- que se encargue de coordinar efectivamente los esfuerzos y garantice el cumplimiento de metas y concrete logros relevantes en aras de la consolidación de Guadalajara, como capital madre, en el rol histórico que habrá de caracterizarla siempre.

La idea del gerente metropolitano no es nueva, hace casi once años hablé, ante el foro Guadalajara 2020, sobre la urgencia de modificar y ajustar en lo conducente la constitución (la cual de manera expresa el Art. 115 prohíbe el cuarto nivel de gobierno) y sus derivaciones hacia la creación de una entidad cuya funciones serían las de planear y dirigir las acciones y proyectos metropolitanos, más allá de la obsoleta autonomía municipal. En aquellos días no lo entendieron.

Seguimos perdiendo el tiempo y observamos cómo a través de los hechos seguimos sin rumbo, sin dirección y sin sentido. Aquí se siguen tomado decisiones inadecuadas, se han perdido ocasiones con altos costos de oportunidad: La coordinación metropolitana se impuso sin fundamentos y ahora exhibe sus debilidades. Hemos sido testigos de honor de procesos inconvenientes e inadecuados llevados de la mano de la tozudez como táctica y del autoritarismo como doctrina. La gerencia demanda poder de decisión y ejecución, si no es así, será un cargo muerto… una utopía.

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