Trampantojo

¡Fuerza ciudadana!

Las prácticas que nos conducen a la adquisición de experiencia, en el caso de hacer ciudad, son aquellas en las que aplicamos una noción clara, precisa y contundente de nuestros principios y convicciones a la hora de construir las bases del quehacer común en el ámbito de lo urbano. Implican el ejercicio y puesta en escena de valores, compromisos y metas -cuya prospectiva nos sitúa en escenarios óptimos de futuro- definidos por las aspiraciones compartidas, en aras de constituir los fundamentos de la acción social sustentada en el desempeño cívico eficaz y cualitativo, desde una innovadora visión de la política que demanda resultados a partir de la toma de decisiones que vinculen la participación de la gente. Justo ahora nos encontramos en condiciones de alto riesgo, incertidumbre y extraordinaria oportunidad: Estamos en crisis. Se trata de una crisis positiva que nos permite entender que la creciente incidencia y observancia de los ciudadanos sobre las cuestiones políticas prepara el terreno para librar batallas épicas sustentadas en estrategias para la defensa y recuperación de lo público, por sobre los privilegios e intereses particulares, en lo que respecta a los proyectos que afectan el desarrollo y el crecimiento de la gran metrópoli que habitamos y que se ve amenazada por los actos atroces de políticos sin escrúpulos que medran con el patrimonio, socavan el erario y se mofan de la ley, a diestra y siniestra. Situados en el territorio de la gobernanza y apostados en la trinchera de la legitimidad democrática, es oportuno señalar que, en la conformación del Consejo Ciudadano Metropolitano, es menester considerar la inteligencia social de individuos que representen los intereses de la comunidad en su conjunto y que sean portadores de un espíritu crítico capaz de generar reflexiones y transformaciones que nos lleven de la mano, y la disciplina, hacia el logro de importantes conquistas que devendrán mejores estadios de coordinación, convivencia y armonía civilizada en la vida de los municipios que integran el área metropolitana de Guadalajara. Asimismo, resulta esencial indicar que uno de los primeros cambios que deberán ocurrir, se refiere a que el Consejo debe contar con la capacidad de incidir de manera directa y vinculante en las decisiones y así compartir la responsabilidad para fungir como punto de equilibrio, a efecto de ser el contrapeso necesario para un adecuada aplicación, revisión y evaluación sobre el ejercicio de los recursos. Estamos frente a uno de los más relevantes retos en la historia de la metrópoli y sobre nosotros pende la espada de Damocles: O nos ponemos a trabajar unidos, sin sectarismos políticos ni actitudes soberbias o, más pronto que tarde, nos daremos cuenta que la coordinación metropolitana -para alcanzar la calidad de ciudad humana, próspera, competitiva y exitosa- exige liderazgos soportados en la fuerza ciudadana y no en los rancios respaldos y espaldarazos de la añeja política tradicional. Ojalá que la inteligencia nos asista y nos alcance.

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