Trampantojo

Corona de espinas

El Mercado Corona -y sus vicisitudes históricas- lo sitúan como un espacio cuyo genius locus cuenta con el sustento del imaginario social para trascender como una potente definición de la vocación mercantil tapatía e icono fundamental de la tradición. La efeméride del 4 de mayo representa un hecho atroz al que han seguido una serie de contratiempos, malas decisiones y desencuentros cuyas  consecuencias son aún imprevisibles. Un proceso que se ha desarrollado al amparo de los caprichos del poder corporativo. Un concurso absurdo, cerrado y limitativo, desordenado, opaco y excluyente desde el inicio. Una visión carente de sentido e interés por la ciudad, basada en el principio de la imposición de voluntades y el control absoluto de las formas. Existen muchas dudas y sospechas alrededor de lo acontecido y de lo que viene. Se percibe una manifiesta estrategia en donde priva el interés por medrar con el mercado a partir de las exigencias por proveer la mayor superficie rentable, sin garantías para los locatarios. La mixtura de usos es incompatible, deben prevalecer los conceptos y la funcionalidad como mercado para mantener la esencia: Un mercado es algarabía multicolor. Es extraño ir contra la idea de desincentivar el acceso de autos al centro y lo es más haber iniciado con los trabajos sin proyecto.

La arquitectura ocupa un rol relevante ante la imperiosa necesidad de provocar diálogos con el entorno, de proveer soluciones armónicas y eficientes para adaptarse al contexto, por lograr una imagen coherente y que satisfaga los requerimientos funcionales de usuarios y locatarios, de adaptarse a las innovaciones tecnológicas y coadyuvar al crecimiento económico. El reto consistiría en conseguir un proyecto que no resultare intrusivo, saturado y agobiante. Uno que respetara las disposiciones en materia de  preservación y fomento del patrimonio material edificado. Uno que procurase la integración urbana y respetara las escalas, que fuese propicio al desarrollo del espíritu colectivo y contribuya así a mejorar la calidad de vida de la gente.

A 90 días de incertidumbre y desencantos, no se avizoran respuestas claras. Hay mucha prisa. Se eligió un proyecto que aparece como ajeno a las aspiraciones, que trastoca la idea de mercado y la reemplaza por un mall con el que ganan los intereses del mercado financiero y pierde la arquitectura. Vi la exposición de los proyectos y observo que hay algunos mudos, otros apenas balbucean y otros cantan la melodía de la felicidad. Concluyo que, en términos de concepto urbano y propuesta lógica, me parece que LEAP ofrece el más ambicioso y coherente con la recuperación del espacio tradicional. En términos de lo arquitectónico, como presencia necesaria y adecuada, que respeta el entorno y ofrece interactuar con el contexto así como por la fuerza de su limpieza formal, la propuesta de Ricardo Agraz y su equipo merecen la gracia de la materialización y la ciudad el beneficio de la poética de la simplicidad y la alegría. El ganador exhibe –gráfica y metafóricamente- una Corona de espinas.

 

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